¿Hay vida después de la muerte?

    La pregunta que más ha atormentado al ser humano, y en la que yo, personalmente, trato de no pensar mucho, es ¿Que hay después de la muerte? Es una pregunta que me come por dentro, porque a pesar de que el mundo tiene dos mil años de antigüedad, nadie aún ha podido descubrir que pasa después que mueres, que nos espera, sí es que no espera algo en absoluto. La razón por la cual esta pregunta es tan difícil de plantear, es porque no es divertida de hablar.

La muerte es un tema que usualmente se evita, a nadie le gusta estar consciente de su propia mortalidad, a todos nos gusta pensar que somos de alguna manera invencible e inmune a ella. Pero, tristemente, no es así.

Personalmente, este tema no me gusta, y no porque no pueda sentarme a pensar en qué puede existir luego de que uno muere, sino por la ansiedad que me causa esto. Yo puedo sentarme aquí y escribir sobre lo que pienso que pasa cuando alguien muere, pero la verdad es que son solo mis especulaciones, y no hay nada que yo pueda decir que resulte verdadero.

Con respecto a este tema, todos estamos en blanco, y es frustrante. Es como sí todo lo que dijéramos sobre la muerte es solo un consuelo para nosotros mismos, una  manera de calmarnos, porque en realidad, la muerte es la única cosa en este mundo que no podemos controlar o predecir de ninguna forma, no importa que tan duro intentemos.

Una vez, un profesor, hablando de este tema, nos preguntó qué pensábamos que había más allá de la muerte. Unos respondieron que el cielo, otros que nada, y el profesor dijo que todo lo que pensamos que hay después de la muerte, está sujeto a nuestras creencias. Hay personas que han pasado por una experiencia cercana a la muerte, es decir, técnicamente han muerto por minutos enteros, pero han regresado a la vida, y muchas de esas personas han jurado ver el cielo, han dicho cómo han visto la luz y sentido esa calma y paz.

Es una teoría hermosa, y en la que quiero creer, pero que fue destruida cuando mi profesor, cruelmente, nos dijo que eso que experimentaron esas personas, podría haber sido producto de su propio cerebro en sus últimos minutos de vida.

Así que no, no tengo ni idea de que hay más allá de la muerte, que viene después para nosotros. Y no me ofrece consuelo alguno saber que todos, absolutamente todos, vamos para allá. Lo único que me calma, es saber que tengo toda una vida por delante para hacer que cuente, para no arrepentirme y para sacarle provecho.

Y quizás, eso es todo lo que deberíamos hacer, aceptar que algunas cosas no se pueden controlar, y preocuparnos entonces por las que sí podemos tomar en nuestras manos.

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