Vacaciones de verano, parte 5

Viene de la parte 4

Todas nos quedamos mirando con lágrimas en los ojos y mi abuela se echo a llorar desconsolada sobre aquel cuadernillo depositado en el escritorio; de pronto todo tenía sentido, la mecedora moviéndose, la calma de aquella habitación, las caricias en mi cara, aquel aire en la sala, el cuarto abierto; se trataba de mi abuelo guiándonos hasta acá;  pero de pronto me vino algo a la mente y pregunté; ¿pero como es que su diario estaba dentro de esta caja?; mi tía volteó y me dijo que no había tenido la fuerza suficiente de meter las pertenecías de mi abuelo a cajas y le había pedido a mi padre que lo hiciera y él tampoco lo aceptaba, así que tomo aquella caja y simplemente metió todo lo que vio en el escritorio sin siquiera fijarse en lo que se trataba, martillo la caja con ayuda de mi misma tía y la deposito donde se encontraba.

Salimos con el cuadernillo en las manos aun llorando y de nuevo entramos en la casa para sentarnos en la sala realmente consternadas y no sabíamos que decir; pero de pronto me puse de pie de un salto, pues recordé la mecedora, mi tía se paró conmigo y corrimos a la habitación y como lo imagine, cuando entramos la mecedora se movía pero esta vez no paró en seco sino siguió moviéndose cada vez más fuerte como si alguien estuviera contento de mecerse en aquel mueble.

Cuando me aproxime, la mecedora paró en seco y la tome para ponerla boca arriba y ahí vi una pequeña madera colocada de forma que no se podía caer pero no estaba clavada, así que la retiré lentamente y vi como una hoja perfectamente desarrugada envuelta en algo que parecía una bolsa de plástico caía al piso, la tome como pude y vi que se trataba de una pequeña ilustración de un dibujo realmente hermoso, se lo pase a mi tía y lo miro por unos segundos, después bajamos y aún llorando desconsolada le mostramos aquella ilustración a mi abuela; la miro y siguió llorando entregándosela a mi tía.

Permanecimos por varias horas en la sala calladas y pensando en lo que había pasado, hasta que mi abuela se puso de pie y busco en una agenda vieja que se encontraba junto al teléfono en la sala y marco un número que había visto en ella; después ella dijo “Alfredo” y comenzó a platicar con él; aproximadamente unos 45 minutos después de la llamada tocaba la puerta un hombre de unos cincuenta años de edad y de aspecto muy extraño, mi abuela le invitaba un vaso de agua de limón y lo hacía sentarse a la mesa de la cocina; platico unas palabras que no pude escuchar y el hombre se saco un sombrero de Bombin que tenía y lo dejaba en la mesa para darle un gran trago al agua de limón; mi abuela giro y tomo la ilustración y se la enseñó; aquel hombre casi se atraganta con el agua y escupió un poco. ¿De donde saco esto? Esto es invaluable, no lo puedo creer; mi abuela le platico que  lo tenía y mi abuelo le dijo que se lo enseñara justamente a él cuando tuvieran un momento de necesidad, así que aquel hombre se quedó hablando todavía un buen rato con mi abuela y después me pidió que lo llevara a la covacha para enseñarle lo que había en cajas; así lo hice y senté a aquel hombre en el escritorio, el cual quedo asombrado por el mismísimo escritorio y no paraba de decirme lo realmente caro que era aquel mueble, por que pertenecía al siglo no se que y era de no se quien; nunca entendí lo que me decía, sin embargo, conforme iba sacando cosas de las cajas aquel hombre estaba más cercano a un infarto por lo que me decía que le pasaba, plumas, jarrones, relicarios, medallas, y muchas más cosas y él hombre parecía niño en dulcería, después de ir viendo las cosas me dijo, bueno señorita voy a platicar con su abuela y esperemos poder hacer una subasta con las cosas de su abuelo y créanme que no les faltara para vivir bien como por unos, mmmmmm 100 años, a lo que soltaba una fuerte carcajada y me decía hay ese Francisco si que supo encontrar cosas valiosas.

Fui cerrando las cajas con pertenecías y me fui sintiendo feliz por todos, quizá mi abuelo había venido a ayudarnos a toda la familia; una vez que deposité todas las cosas en sus cajas respectivas y regrese a la casa en donde mi abuela seguía platicando con el señor Alfredo, para después despedirme y subir al cuarto donde estaba durmiendo, me sentía realmente cansada ahí que me puse la pijama y me recosté d entro de las cobijas, repentinamente volví a sentir esa mano en mi rostro y soñé de nuevo; mi abuelo me tenía de vuelta sentado en aquel escritorio y me decía que todo estaba solucionado, que los problemas económicos de mi padre y de mi tía estaban resueltos; así que nos tenía que dejar para poder descansar, me decía que tenía que ser la mejor en lo que hiciera y que sobre todo siempre fuera feliz, me besaba la cabeza y veía como se alejaba por la puerta y cuando la cerró desperté de inmediato; para variar de nuevo eran las 10 de la mañana así que baje y mi tía no estaba en el negocio; se encontraba preparando el desayuno y mi abuela leía el periódico en la mesa del comedor; de pronto sonaron el timbre y me pidieron que abriera, se trataba de mis papás, estaba muy contenta de poder verlos, no les había hablado ni un solo día que había estado ahí y realmente los extrañaba; se sentaron a la mesa una vez que saludaron a mi tía y a mi abuela y les contamos lo que había pasado paso por paso, y aunque cero que nunca lo creerán se hacían los asombrados, Alicia me mando cambiar después del desayuno y me dijo que debería estar lista para la subasta; reaccione realmente alegre y pensé que sería un buen día; al rato que bajé pude ver como unos hombres sacaban las cajas de la covacha supervisados por aquel señor de extraña apariencia, Alfredo; corrí rápidamente con mi abuela y le pedí que me dejara quedarme con aquel escritorio, a lo cual accedió y a la fecha lo conservo en mi casa.

La subasta fue un éxito y después de esto mi familia se volvió literalmente millonaria; aquella litografía fue vendida en tan solo 34 millones de pesos, mientras que haciendo la suma de todo lo demás se lograron recaudar algo así como 150 millones de pesos, los cuales fueron divididos entre mi abuela, mi tía y mi papá; después de esto regresamos felices a la casa de mi abuela y permanecí con ellas todo el verano, aunque en realidad nos fuimos de viaje a unas playas de México en donde terminamos de pasarla de lujo, mi papá logró poner su propia empresa con todo ese dinero, después me enteré que el negocio familiar el cual atendía mi tía estaba a punto de la quiebra, sin embargo con ese dinero logró poner algo que a ella le gustaba y ahora es una exitosa empresaria; mi abuela falleció unos 3 años después de que pasó todo esto y en la actualidad te relato toda esta leyenda en aquella mecedora cargando a mi pequeña hija en brazos, felizmente casada; y ojala y te gustara todo mi relato.

Gracias por este excelente aporte y ojala y manden sus relatos, leyendas, historias  lo que quieran al blog, saludos.

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