Vacaciones de verano, parte 3

Viene de la parte 2

Me encontraba en aquella misma casa en la que me estaba alojando mi tía Alicia y mi abuela, simplemente que muy diferente pues era como estaba aproximadamente unos veinte años atrás, yo me sentía de una estatura muy diminuta y veía a mi padre darme la mano para ayudarme a bajar del pórtico trasero de la casa, en esa ocasión la casa estaba pintada de un color verde pastel un poco chillón para mi gusto escuchaba diciendo a mi viejo diciéndome que caminara con cuidado pues me podría caer con algunas rocas que se encontraban en el patio justo antes de llegar a la covacha; veía como mi padre tocaba aquella puerta de madera y lentamente se abría de par en par dejando ver a mi difunto abuelo, la sonrisa al verme iluminaba todo el lugar, el daba un beso en la mejilla a mi padre y depuse mi propio padre me cargaba para depositarme sobre los brazos de mi abuelo, al instante que estuve en contacto con él, sentí una paz increíble que nunca había sentido en un sueño ni experimentado en la vida real.

Mi padre cerraba la puerta de aquella bodega y podía ver todas las cosas de las repisas justo como las recordaba, no en cajas como en la actualidad estaban, me bajada sentándome en su escritorio y se ponía frente de mi, yo no quería dejar de abrazarlo por aquella paz que me irradiaba, sin embargo él me dijo, “debes soltarte, tengo algo importante que decirte”; una vez que lo dejé de abrazar me miraba fijamente y me decía “estas muy grande y muy bonita, eres muy parecida a tu abuela a tu edad”, intente contestarle pero las palabras no salían de mi boca; “los extraño mucho a todos, pero no me puedo ir hasta que alguien encuentre lo que les dejé para que todos estén mejor” a la vez que señalaba una de las repisas; justo al momento de voltear la cabeza hacia donde señalaba mi abuelo, algo vibró en mi bolsillo y un sonido robótico chillante hizo que despertara de un brinco; conteste adormilada y me percate que era Alicia.

Estoy en la covacha, fue lo que contesté de inmediato, ella respondió que no podía ser posible, y pasaron tan solo unos segundos para darme cuenta que entraba por la puerta de la bodega con su celular en la mano, las bolsas de mis compras y cara de asombro.

Colgamos al unísono y se me quedo viendo incrédula; yo no sabía que decir, no sabía si estaba enojada conmigo o solo me veía de una forma que no conocía; ¿Cómo entraste aquí? ¿Forzaste el candado?; mi respuesta fue mover la cabeza; ¿encontraste la llave? De nuevo moví la cabeza; y ella tenía aun mayor cara de asombro.

Este lugar ha permanecido cerrado desde que murió tu abuelo y así lo quisimos preservar en su memoria, la llave esta perdida desde hace años y no hemos hecho por abrir el lugar, pensamos que era una falta de respeto hacia él; pero tu simplemente quisiste entrar y entraste, ¿Por qué forzaste el candado? Posteriormente volteo a ver la caja de madera tirada en el piso, aquella que había caído ayer y la recogió y la puso de nuevo en donde debería estar.

Me jaló un poco agresiva del brazo y me dirigió hacia fuera de aquella bodega; al momento que salí vi como de nuevo ponía el candado y de nuevo me jalaba al interior de la casa y me daba las bolsas de lo que había comprado en el día.

Mi abuela nos esperaba en la mesa del comedor con algunas cosas que habían comprado para cenar, simplemente esa noche se hizo el silencio durante la cena y nadie emitió palabra alguna solo era víctima de las miradas taladrantes de mi tía Alicia de vez en cuando.

Cuando terminamos de cenar Alicia me dijo, creo que es hora de que subas a tu cuarto a descansar, tu abuela y yo tenemos mucho de que platicar a solas; un poco incomoda, subí lentamente a la que en ese momento era mi recámara y para variar pude ver como la mecedora paraba de golpe a la vez que cerraba la puerta y comenzaban los gritos; me tire en la cama mientras tomaba mis walkman de el taburete y justo cuando me pretendía poner los audífonos escuche como los gritos subían de volumen.

Mi tía reclamaba a mi abuela que era demasiado lo que había pasado hoy, que era un lugar de luto para que yo me paseara como si fuera mi casa, a lo que mi abuela contestaba que en realidad era mi casa, que me pertenecía tanto como a ella; a lo que siguió una respuesta muy grosera de mi tía Alicia; pues entonces que te cuide como yo lo hago y que se venga a vivir contigo, tras terminar estas palabras escuché como azotaban la puerta y escuchaba llorando a mi abuela, intenté salir de la recámara pero al momento de intentar abrir la puerta me di cuenta que esta tenía puesta la llave, a lo cual me molesté muchísimo y de nuevo me tumbé en la cama llorando de culpa.

Desperté a las 10 de la mañana como lo había estado haciendo, creo que me quedé llorando y esa noche no sentí lo que había sentido otros días, simplemente dormí como hacía mucho tiempo no lo hacía parecía que nunca había tenido problemas de insomnio, de nuevo intenté abrir la puerta de mi cuarto y esta vez si lo conseguí, baje lentamente y me di cuenta que no había nadie en casa, a la mesa había una cesta de pan de dulce y una nota que decía, hay leche en el refrigerador, no tardamos y siento que oyeras la discusión.

Ese día no salí de la casa, tomé un pan de dulce y me serví un vaso de leche, prendí el televisor de la sala y me quede mirándolo toda la mañana y parte de la tarde, aunque mi mente seguía dándole vueltas a aquel sueño con mi abuelo.

Realmente había sido un sueño hermoso, recordaba a mi abuelo justo como lo tenía en la memoria, pasaron las horas y de pronto escuche abrirse la puerta trasera de la casa, me gire y me percate que se trataba de mi abuela seguida de mi tía; las mire y sonreí; mi tía se sentó junto a mi y me abrazó, mientras me decía “perdóname, ayer fui muy grosera, pero la muerte de tu abuelo no ha sido aun superada por mi; me molesta que se metan con sus cosas”; yo respondí el abrazo y sin decir nada le di un beso en la frente mientras acariciaba su cara y secaba sus lágrimas.

Nos sentamos a la mesa del comedor para comer, mire mi reloj y me di cuenta que hoy habían llegado temprano, lo que significaba que habían cerrado pronto el negocio, mi abuela se acerco a mi y me besó la cabeza y sacó la cena de el horno eléctrico y la depositó en la mesa; comenzamos a comer y esta vez fui yo la que hablé.

Yo no forcé la cerradura, estaba abierta; por eso es que entré a la covacha del abuelo; no sabía que te molestaba tanto tía, prometo no volver a Hacerlo.

De inmediato Alicia se puso seria y me dijo, esta es tu casa y tu puedes hacer y estar donde tu quiera, lo único que no me gusta es que digas mentiras y quiero que nos digas como abriste ese candado no una, sino dos veces; la llave lleva perdida años y la verdad no creo que se abriera por arte de magia; justo en ese momento la puerta trasera de la casa se abrió de un golpe, exactamente como lo había hecho en dos ocasiones la puerta de la covacha.

continúa en la parte 4

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