Una leyenda cantada: “Florentino y el Diablo”

En los llanos de Sur-América, específicamente de Colombia y Venezuela, una leyenda ha trascendido tiempo y espacio, siendo difundida a través del verso de Alberto Arvelo Torrealba y la música.

La Leyenda de “Florentino y El Diablo” es una historia inmersa en folclore pero de características universales, una batalla arquetipal entre el bien y el mal. Se cuenta que Florentino, un campesino fiestero y cantante de coplas, caminaba en la espesa noche a través de la llanura consiguiéndose con el Diablo, quien lo reta en una batalla cantada, de versos improvisados. Florentino logró llevarle el paso al diablo y a cada copla que el Diablo le cantaba, él, inteligentemente le respondía, logrando llegar así hasta el amanecer, donde el Diablo, para evitar la luz, huye, quedando Florentino a salvo.

Según la tradición popular en boca de los viejos llaneros, extendida a lo largo y ancho de la planicie colombo venezolana, Florentino era un hombre de los que no conocían el miedo y sentía gran placer al enfrentarse al peligro, era conocedor de los atajos y caminos del llano, inigualable en cada faena, buen jinete, domador y coleador de amplio llano, amigo de las fiestas y el canto de contrapunteo, por lo que logró cantar con el diablo hasta el amanecer y salir ileso. Es por eso que esta leyenda de Florentino y el Diablo es considerada como uno de los sublimes monumentos líricos del pueblo venezolano, y ha tenido tantas versiones populares (Más de 35) y otras muchas corregidas y ampliadas por el propio escritor Alberto Arvelo Torrealba, así como un arreglo para orquesta y coro (La Cantata Criolla) que figura como una de las Obras Maestras de la Lírica Venezolana, referenciando el embrujo mágico por los versos octosílabos de Torrealba y que la convierten, sin lugar a dudas, en la composición poética más difundida, “popularizada” y enaltecida del folclore del inmenso llano colombo-venezolano. Una leyenda, que al escucharla nos eriza la piel, pero también nos llena de orgullo, al saber que al final el bien, con perseverancia y fuerza de espíritu, logra vencer al mal y ver la luz del día.

soplo de quema el suspiro, paso llano el palafrén, mirada y rumbo el coplero pone para su caney, cuando con trote sombrío oye un jinete tras él, negra se le ve la manta, negro el caballo también, bajo el negro pelo e´ guama (Nombre de un modelo de sombrero utilizado por los llaneros) la cara no se le ve, pasa cantando una copla sin la mirada volver”.

Florentino y el Diablo, Alberto Arvelo Torrealba


 

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