Suerte que no prendiste la luz.

Esta es una leyenda urbana muy escuchada y difundida en Internet y es una de mis favoritas; ojala y les agrade.

Cuenta la leyenda que una joven americana que en esta ocasión llamaremos Mary vivía con una compañera y amiga de universidad de nombre Natalie; en el centro de la ciudad en un agradable pero pequeño departamento; dentro de esta vivienda solo se tenía un baño, una pequeña cocina y una amplia habitación la cual compartían las dos amigas.

Por la mañana muy temprano ambas jóvenes se despertaron al unísono de sus camas y se saludaron dándose los buenos días; esa noche a Mary le había costado trabajo conciliar el sueño por la constante luz y las pequeñas carcajadas ahogadas que su compañera Natalie había tenido frente a su laptop dentro de su cama; un poco molesta por la situación Mary se dispuso a tomar un baño, mientras su amiga se preparaba su desayuno, aunque el enojo era más que evidente, pues al salir del baño ya vestida y arreglada dispuesta para encaminarse ese viernes a la universidad, Natalie le tenía preparado su desayuno, cosa que no ocurría muy frecuentemente.

Ese día Natalie estaba de un humor realmente bueno, con una sonrisa en su rostro y muy cantadora, le pidió a Mary que se sentaran el la mesa a desayunar juntas antes de que ella se metiera a bañar; mientras ingerían sus alimentos, Natalie le comento que hoy sería el día en que por fin conocería a su amigo de Internet con el que llevaba algunas semanas platicando, Mary le sugirió que se vieran en un lugar muy concurrido por cuestiones de seguridad a lo que Natalie acepto con la cabeza y el bocado masticando.

Mary le recordó que ese día iría a tomar unas cervezas a un bar cercano a la facultad con unos compañeros de la escuela, a lo que Natalie se sonrojo pues recordó que había quedado de acompañarla, pero se le había olvidado; Mary notó su sonrojo y le dijo que no se apurara, y en tono de broma le dijo que ya era tiempo que tuviera novio, que tenía muchos años sin un galán en su vida, a lo que Natalie respondió con una carcajada casi ahogándose con los huevos que desayunaba.

Mary salió del apartamento y dejo a su amiga a punto de meterse a la ducha y deseándole una excelente sita. Natalie le guiño el ojo y se metió al baño para por fin quedar sola.

Esa noche del viernes Mary llego a su departamento con mucho sueño y unas copas de más encima, vio que las luces estaban apagadas y vio la bolsa de su amiga en el sofá de la sala, lo cual la hizo suponer que ya había llegado y que se encontraba durmiendo.

Lentamente y solo con la luz de su celular fue desvistiéndose dentro del cuarto para destender su cama y recostarse en ella, entre la borrachera y el cansancio ya no podía más; cuando casi conciliaba el sueño escucho unos pequeños quejidos ahogados, lo cual la hizo suponer que su amiga había traído a su sita al apartamento y había logrado ligarse a ese galán de computadora; le dio mucha pena y se le hizo feo salir del cuarto, además de que pensó que Natalie había tenido la culpa por no poner un calcetín en la puerta como regularmente lo hacían cuando traían sus conquistas al departamento, así que con un cansancio increíble, solo se giro y se dispuso a dormir sin hacer caso al ruido.

Por la mañana siguiente Mary sintió húmeda su cama y se dispuso a tocar con su mano lo que sentía aun adormilada; toco la substancia extraña con sus dedos y se dispuso a verlos. Soltó un grito aterrador y de un  brinco salió de la cama para ver a su amiga colgada y mutilada desangrándose sobre su cama. Aterrada dio un vistazo rápido a su cuarto para confirmar si el asesino no estaba aun ahí, y solo logro ver escrito con sangre en la pared una nota que decía “suerte que no prendiste la luz”

Mary habló inmediatamente a la policía y los forenses le dijeron que el que había realizado la tortura y matado a su amiga no tendría mucho que se había ido, pues había pasado toda la noche siendo torturada y estos son los quejidos que había logrado percibir.

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