¿Qué es el Tarot y para que sirve?

¿Quién es el Loco en tu vida, o acaso eres tú mismo?
El tarot es una disciplina que se practica desde hace cinco mil años, desde la época de los antiguos egipcios. Ellos fueron los creadores del tarot. Pero no se trata, como podría pensarse, simplemente de un método adivinatorio. El tarot es una forma de ver el mundo, de comprender los sucesos que, para nosotros, por momentos parece no tener explicaciones. El tarot es una manera de comprender a los demás, y de entender las motivaciones últimas de su accionar.

El tarot Egipcio, al igual que el tarot Gitano, posee 78 cartas, llamados arcanos. Los arcanos mayores, que son veintidós, se complementan con los 56 arcanos menores, los cuales se subdividen en cuatro palos, de catorce cartas cada uno.

Cada arcano puede ser visto como la proyección de las personas que nos rodean, y no es difícil darse cuenta de esto. Para cada arcano mayor, seguramente podremos pensar en alguien que nos rodea que se identifica con esta figura. De hecho, Carl Gustav Jung, discípulo de Freud, postuló que los arcanos del tarot son figuras nacidas de los arquetipos grabados en la mente de los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, sin edad, y sin distinción de civilización.

La lectura de las cartas del tarot es una experiencia personal, que bien puede ser tomada como un viaje de autoconocimiento, donde la tarotista es simplemente un vector, un elemento del que nos servimos para poder acceder a una realidad que se despliega más allá de lo evidente.

Uno de los escollos que todo consultante enfrenta a la hora de realizar la tirada de las cartas, es su propia personalidad, y su deseo de escuchar lo que le conviene, antes de lo que realmente es. Pero para poder aprovechar a pleno esta situación, esta oportunidad de aprendizaje sobre uno mismo, se recomienda, en primer lugar buscar un profesional de confianza, con probadas dotes en la lectura de los arcanos, y, en segundo lugar, acudir con un corazón ligero, despejado de todas las ataduras, y deseos egocéntricos, sin dejar lugar para que las cosas se desarrollen de manera distinta a lo que uno tiene planeado.

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