El hombre caimán es un famoso personaje de Colombia. Cuenta su leyenda que un hombre acostumbrado a observar a escondidas a las mujeres cuando éstas se cambiaban de ropa o se estaban bañando, fue condenado a tener por siempre la apariencia de un caimán con cabeza de ser humano, siendo un híbrido bastante repulsivo en cuanto a su aspecto.
En la región donde su historia es más conocida, se lleva a cabo cada año una fiesta cuyo en su honor, cuyo nombre es “Festival del hombre caimán”. Es más, distintas acciones se realizaron para homenajearlo, erigieron un monumento, un parque lleva su nombre y una canción que logró cruzar las fronteras, llamada “Se va el caimán”.

Lo que el mito relata exactamente, es que el pescador mujeriego nombrado anteriormente, percibió que en alguna oportunidad podría ser descubierto. Entonces, para prevenir este inconveniente, buscó la ayuda de un hechicero para que le hiciera una bebida mágica por la cual él pudiera convertirse en un caimán y así mezclarse con los atributos de la naturaleza, siendo el mejor disfraz. Sin embargo, para volver a tomar su forma original, alguien debía aplicarle una segunda pócima y para que no hubiese confusiones, una era de color rojo y la otra, blanca.
A partir de ese momento, siempre lo acompañaba un buen amigo que le hacía el favor de frotarle el compuesto. Pero en una ocasión no pudo ir con él, por lo que un tercero acordó realizar el trabajo. Sin embargo, al verlo transformado, se asustó tanto que dejó caer la loción al suelo de tal forma lo hizo, que sólo unas gotas mojaron la cabeza del pescador.
Todos le temían, excepto su propia madre, quien cada noche le acercaba alimentos. Pasado el tiempo, ella murió sumida en la tristeza de no haber hallado al hechicero para que volviera a preparar el elixir, pues el señor había muerto.
Sin nadie más que quisiera comunicarse con él, el hombre caimán se dirigió hacia la desembocadura del río que siempre había visitado, ubicado en Barranquilla.