Los Mairu

Nos encontramos ante otro de los múltiples personajes de la mitología euskaldun, y que de nuevo, sirve para explicar lo inexplicable a los ojos de los campesinos y pastores de la tierra: la construcción de dólmenes y monumentos megalíticos.

Las gentes del campo necesitan una explicación mítica, ya que no son capaces de entender como se construyen los monumentos funerarios con piedras de varias toneladas. Debido al peso de las piedras, atribuyen su construcción a seres fantásticos que existieron en la antigüedad, antes de que los hombres poblasen la tierra.

La tradición oral sobre estos seres varía de un lugar a otro. Así mientras en unas zonas se atribuye la construcción de dólmenes al Mairu, en otros lugares se atribuye a su construcción a las Lamias, que son las compañeras de los Mairu. Incluso en algunas zonas de Euskadi, y debido a las dimensiones de las estructuras funerarias prehistóricas, se dice que estas estructuras son las tumbas de los Mairu.

Además de ser constructores de dólmenes, se dice que sus brazos tienen propiedades mágicas, concretamente los huesos de su brazo o el brazo desecado o momificado. El brazo, según las leyendas, servía como antorcha para alumbrar el camino o incluso como somnífero, que servía para adormecer a los habitantes de una casa.

Pero el nombre Mairu, no sólo servía para denominar a estos extraños seres, sino que hasta hace unos años, se ha usado también para denominar a los niños que no estaban bautizados, y por lo tanto, aún no eran cristianos. Como vemos, en casi todos los pueblos hay nombres para designar “al otro”, que este caso era la persona que no era cristiana. Esta diferenciación llegaba a tal punto, que si un niño Mairu moría, no se le podía enterrar en el cementerio, que era tierra sagrada, y se le tenía que enterrar en los alrededores de su casa o en la huerta de su propia casa.

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