El gato negro (Relato)

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El gato negro (Relato)

De chico que me persiguen mis padres con sus supersticiones yo nunca lo fui hasta que me paso algo que realmente hizo que cambiara un poco mi pensamiento ellos decían que caracoles no te dejan avanzar que las tortugas son mala suerte y que el gato negro ni hablar yo nunca entendía como simples animalitos que Dios puso en la tierra podían ser maléficos aunque hoy por hoy el ultimo lo pongo en duda.



Después de muchos años de convivencia con mis padres decidí mudarme sola a un departamento no muy lejos de ellos pero era mi forma de independizarme un poco, a los pocos días de vivir solo me costaba mucho la falta de compañía de hablar con alguien era difícil para mí pero trataba de no demostrarlo. Un día de mucha lluvia al salir del trabajo el cual no quedaba cerca de mi casa caminando hacia la parada del autobús me cruce en mi camino con un pobre e indefenso gatito negro empapado por la lluvia y temblando de frío al borde de una hipotermia, lo metí en mi auto para darle calor y me fui con él hasta la casa de mis padres, enseguida empezaron con sus supersticiones pero les di  entender que era  una pobre criatura indefensa y que viviría conmigo en el departamento, esa noche llegue lo seque y durmió conmigo en la cama los dos calientitos. 
al otro día llegue de trabajar y vaya desastre encontré la casa olía a azufre había roto todas mis estampitas de santos que mi papa había dado para protegerme lo tome como una travesura de cachorro pero al tiempo la convivencia comenzó a ser insoportable cuando podía corría y me atacaba por la espalda me mordía las piernas me odiaba tanto como me amaba no dejaba que nadie entre a mi casa yo era de su propiedad y yo a el por un lado no quería creer en las supersticiones de mis padres pero por otro pensaba que era el mismísimo hijo del demonio, se escapaba y venia siempre con la cara ensangrentada yo siempre se lo aludía a que cazaba o se peleaba con otros gatos, hasta que una noche teniendo una pesadilla con él me despierto

sobresaltada y el parado encima de mi pecho muy cerca de mi cuello, salí de un salto de la cama llame a mi novia que era más valiente y frío que yo y esa madrugada decidimos deshacernos de él lo subimos al auto manejo hasta la ruta y ahí lo tiro. Empezó a correr como loco al lado del auto hasta que nos paso unos metros más adelante estaba ahí parado mirándome con odio y mi novia con frialdad lo arrollo, en esos días ella se mudo conmigo y es hasta el día de hoy que veo al gato sentado en el balcón de mi apartamento con la misma mirada llena de odio como cuando lo vi por última vez con vida.


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