La leyenda del sillón del diablo. (España)

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Es un objeto que permaneció colgado del techo de una sacristía en la universidad de Valladolid aproximadamente a unos dos metros de altura del suelo y boca abajo para que nadie se pudiera sentar en él.

Se trata de un sillón de cuero con una especie de púas; y se dice por parte de mucha gente que se encuentra maldito; Cuenta la leyenda que en los primeros años del siglo XV en España regresó un médico de Granada, de nombre Alfonso Rodríguez de Guevara, él cual era un estudioso de Anatomía que hizo sus estudios en Italia, así que a su llegada dicho médico pidió que se extendiera la cátedra de esta materia dentro de Valladolid, así que fue la primera cátedra implementada en todo España y fue de una gran trascendencia a nivel europeo, se decía que todo aquellos que quisieran aprender de todo esto se deberían trasladar a Montpellier dentro de Francia, Italia y ahora a España.

Así que mucha gente entusiasmada se inscribió para recibir esta cátedra y uno que fue de trascendencia especial para esta leyenda fue Andrés Proaza que era de origen portugués y tenía 22 años de edad y ansiaba el doctorado. Desafortunadamente era muy mal visto por la sociedad de la época empezando por que era de religión Judía y se decía que se trataba de un nigromante, ósea que se le atribuía que adivinaba el futuro mediante la invocación de los muertos y por esto se le consideraba como una especie de mago negro.

Se platicaba de boca en boca que aquel personaje contaba con un sótano por el cual se asomaban misteriosas luces durante las madrugadas obscuras; que dentro de este espacio se escuchaban una serie de ruidos parecidos a lamentos y que las aguas del río que pasaban por ahí en esta caso el río Esgueva pasaban teñidas de un rojo intenso que parecía claramente sangre.



Por esa época un niño de nueve años desapareció por esos rumbos y pensaban que este personaje había realizado algo con el pequeño; así cuando inspeccionaron el sótano de dicha casa, como se esperaba, se encontró al niño muerto y su cadáver pútrido sobre una mesa de madera.

El propietario de la casa alegaba que era la única forma que podía practicar el estudio de las enfermedades y lo que hacía para esto era algo llamado “vivisección” lo cual era la disección de animales vivos para estudiar la fisiología y hacer investigaciones patológicas y empleaba la frase de un libro conocido “le fin justifica los medios” para defenderse de tal atrocidad.

Alfonso, había sido uno de los mejores estudiantes de el Dr. Rodríguez, y en afán de practicar y ser el mejor, e incluso mejor que su mentor no midió las consecuencias y terminó cometiendo el asesinato de un pequeño para practicar con su pequeño cadáver.

Todo esto viene a cuenta por que confesó antes de ir a la horca que el no practicaba la hechicería pero que un poderoso mago le había regalado un sillón con propiedades especiales, gracias al haberlo salvado en su casa, y este personaje dijo que el sillón confería cierta clase de poder al que se sentaba, sin embargo solo podía ser un médico aquel que pretendiera realizar esto, sino lo era moriría de inmediato, así también como el que lo quisiera destruir.

Se pensó que todo lo que decía este charlatán tenía que ser algo para ganar tiempo y así prolongar su tiempo de vida y no se le dio importancia a lo que les comentó; se dice que las pertenencias de este personaje se dieron a la subasta pública pero por las malas referencias de esta antigüedad nadie hizo por comprarlo, así como muchas otras pertenencias del sujeto acusado a morir, así que estas cosas fueron donadas a la Universidad dentro de las que figuraba el sillón maldito.

Se dice que un estudiante no creía nada en estas supercherías así que encontró el sillón y lo uso para descansar en clases, pero desafortunadamente a los tres días el joven apareció muerto por extrañas circunstancias, así que todo el mundo lo atribuyó a causas naturales, pues como hombres de ciencia y estudiados no hacían caso a las leyendas que tan solo eran eso, leyendas, y nadie recordó la fatal advertencia.

Se cuenta de una persona más que hizo caso omiso a la advertencia de este sillón así que se sentó e igualmente que el personaje anterior, murió a los tres días, pero en esta ocasión si se lo atribuyeron a este objeto maldito; y es por esto que se decidió colocarlo como se describe al principio de este escrito dentro de la sacristía de la universidad, aunque en la actualidad ya esta a tan solo un metro de altura pero sigue patas para arriba y con dos abrazaderas de hierro para que nadie lo pueda utilizar.



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