Leyendas de San Luis: El sacerdote y la confesión

Esta es una leyenda que he escuchado un par de veces, le sucedió a un sacerdote llamado Martín en un poblado de San Luis hace ya muchos años; se dice que este padre era muy querido por la comunidad, ya que siempre participaba en las tertulias y reuniones del pueblo, se caracterizaba por ser un a persona demasiado abierta para ser sacerdote.

Una noche unos parroquianos invitaron a Martín a un juego de cartas en la casa de uno de ellos, un poco alejado de la iglesia del pueblo, pero el padre tenía muchas ganas de ganarles sus centavos para la iglesia y decidió ir.

Cuando caminaba por la calle fue interceptado por dos niños los cuales se veían muy preocupados y estaban muy sudorosos, los niños le dijeron al sacerdote que por favor los acompañara que una mujer enferma casi moribunda necesitaba de la última confesión, a lo que él accedió rápidamente y los acompañó hasta una carreta en donde se dirigieron lo mas veloz a una casa a las afueras del pueblo.

El padre fue dejado en la entrada de la casa por los dos niños y rápidamente lo acompaño una mujer tomándolo del brazo y sin decir una palabra lo llevó a la casa principal y le hizo pasar hacia una de las habitaciones en donde vio posada en la cama una joven de unos 35 años de edad de cabello rubio y una belleza inigualable, la joven lo volteo a ver y Martín se poso de rodillas a su lado sacando un rosario y un pañuelo para comenzar su confesión.

La mujer de una voz dulce comenzó a confesarse y cada que ella decía un pecado se veía mas y mas aliviada, finalmente el padre la absolvió y para cerrar este ritual hizo oración durante unos minutos, se incorporó del suelo y le dio un beso a la mujer mientras depositaba su rosario y su pañuelo en un taburete del lado de la cama.

Cuando Martín se incorporó escucho un fuerte estruendo en toda la casa y sintió un calor inimaginable a lo que espantado volteó la mirada a la cama y vio a la joven muerta con los ojos abiertos viéndolo fijamente, el padre cerró sus ojos y de nuevo sonó un estruendo pero ahora mucho más fuerte y el calor derepente se volvió insoportable, salió rápidamente para buscar a la criada que anteriormente lo había llevado al cuarto de la mujer ahora muerta y la busco por toda la casa; aquella casa era una casa muy grande de adornos muy bellos y clásica casa vieja con su patio al centro, de dos plantas y todo lo demás a sus alrededores, vio la puerta de la calle abierta y pensó que quizá la mujer se encontraría afuera, a lo que salió corriendo para intentar buscarla  y el calor era insoportable cada minuto. Martín salió a la calle para buscar a la mujer y un portazo cerro aquella puerta de madera de alto calibre.

El padre toco durante casi 20 minutos sin conseguir que le abrieran, a lo que desistió y decidió caminar por casi 40 minutos a la casa donde le esperaban sus feligreses. Toco la puerta de la casa y parecía realmente distraído, el anfitrión lo invitó a pasar y haciéndole burla de que no había ido por que le iban a ganar lo tomo del brazo y lo dirigió a donde se desarrollaba la fiesta. Los feligreses extrañados al ver a Martín como ido lo sentaron en una silla y le dieron un vaso de tequila el cual bebió de un sorbo y pidió uno más. Ya con toda la atención de todos les platico lo que había sucedido y le dijeron que no se preocupara, que pasara la noche en la casa y muy temprano a la mañana siguiente Irian a visitar la casa descrita.

Ya afuera de la casa a la mañana siguiente los casi 15 feligreses y Martín tocaron casi a derribar la puerta de la casa a las afueras del pueblo, pero nadie respondió; ya a punto de irse vieron pasar un viejo de edad avanzada que caminaba hacia el pueblo, se les acerco y les dijo que nunca les iban a abrir que la casa estaba abandonada de hace años, que los habitantes de la casa que eran una mujer, su criada y dos niños murieron en un incendio que hizo que la casa quedara deshabitada.

Curiosamente la casa por fuera no parecía quemada a lo que todos se extrañaron y fueron por los instrumentos de uno de ellos que era cerrajero; abrieron la puerta y entraron al recinto, en donde vieron que todo parecía carbonizado, al centro del patio una carreta era lo único que parecía a salvo, la misma carreta en donde había viajado Martín.

Entraron en donde el padre les había contado había sucedido la confesión y vieron un cuarto carbonizado con lo que alguna vez había sido una cama y sobre ella el pañuelo y el rosario de Martín, todos quedaron asombrados y solo vieron como el cura se desvaneció para caer en el suelo desmayado.

Martín fue llevado al hospital más cercano y no se supo nunca de él se dice que fue ingresado en un hospital psiquiátrico de la Ciudad de México del cual nunca salió.

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