Leyenda urbana real: El dedo del abuelo

Cuenta una leyenda urbana que una familia de escasos recursos encontró en la pequeña pensión del abuelo de la casa su medio de vida. Si bien el dinero que el anciano cobraba apenas daba para comer y cubrir todos los gastos, la familia empezó a adaptarse a los fondos disponibles para mantenerse y subsistir. El abuelo no daba importancia a que estuvieran con él solamente por el interés económico, pues prefería seguir en su casa con su familia a acabar sus días en una residencia él sólo, y aunque apenas le prestaban atención se conformaba con una palabra, un gesto o un pequeño plato de comida a la hora de alimentarse. Se trata de la tragedia de muchos ancianos, son vistos como una “carga familiar” y apenas se les presta atención o se les encierra en residencias donde morirán infelices. Sin embargo, este anciano no se preocupaba del trato que recibía por parte de su familia.

Pero cierto día el anciano se puso muy enfermo, y la familia empezó a preocuparse, ya que si fallecía el abuelo, se quedarían sin el poco dinero del que disponían de su pensión para poder sufragar sus gastos. Sin embargo, se resistían a que ingresara en un hospital o en un centro porque eso supondría que si los expertos decidían que debía seguir ingresado perderían la pensión. Hicieron todo lo posible por evitar que empeorara y lo cuidaban para evitar su muerte.

El abuelo tenía que demostrar que seguía vivo cada mes para seguir percibiendo su paga, pero como no sabía escribir, demostraba su presencia poniendo su huella digital en el lugar donde se pedía la firma.

Cierto día, sin que pudiera hacerse nada para evitarlo, el abuelo finalmente murió. Es entonces cuando la familia cae en la desesperación, pues sabían que sin el sustentador principal de la familia, no saldrían adelante. Como “solución” a su problema, los familiares decidieron llevar a cabo entonces un macabro plan: cortar uno de los dedos de su abuelo y conservarlo en el congelador para utilizarlo y poder seguir “firmando” el certificado cada mes.

Durante un período de tiempo que no se puede contar, cada vez que quien llevaba el dinero requería de la firma, los familiares hacían siempre lo mismo: decían que estaba en la cama y que les dejaran el documento para acercárselo. El agente, confiado, se lo permitía. Estos sacaban el dedo del congelador y lo ponían en el lugar que se requería.

Cuenta la leyenda que esta estrategia mantuvo a la familia durante años, hasta que finalmente fueron descubiertos.

Se trata de una leyenda que aún mantiene a muchos ancianos asustados con las familias que no desean su presencia. No se sabe si la historia es cierta o no, pero lo que sí sabemos es que es cierto que muchos de los ancianos de las familias son maltratados y utilizados por sus propios hijos y nietos. Estas personas son las que se deberían llevar todo el respeto de sus descendientes, y no lo contrario.

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