Leyenda de las gemelas corta

Las diferentes historias misteriosas que se escuchan acerca de hermanos gemelos parecen en sí mismas leyendas urbanas o mitos. Todos hemos oído alguna vez que estos hermanos aunque vivan lejos el uno del otro sienten exactamente lo mismo y al mismo tiempo: si uno se cae ambos sienten el dolor, tienen los mismos gustos, se visten igual… realmente da escalofríos, pero sorprendentemente, es así.

Una leyenda urbana acerca de dos hermanas gemelas, una de tantas de las que existen y andan circulando y sembrando el pánico entre los padres de gemelos, cuenta la historia de una mujer que tenía dos hijas gemelas, encantadoras y preciosas. Ambas eran más que hermanas, eran mejores amigas y les sucedía lo que mencionábamos antes, siempre estaban juntas, se vestían igual, tenían los mismos gustos, odiaban las mismas cosas y nunca se peleaban, se complementaban y no podían vivir una sin la otra y eran inseparables. Las gemelas vivían junto a su madre en un barrio residencial que solía ser muy tranquilo, lejos del estrés y de los peligros de la ciudad. Pero cierto día, por motivos de trabajo la madre decidió mudarse a otra zona de la ciudad, situada mucho más cerca del peligro de las carreteras y los coches por lo que advirtió a las niñas que deberían tener mucho más cuidado que en la tranquilidad de la zona residencial y que debían estar juntas y cuidarse la una a la otra, y sobre todo, tener mucho cuidado con la carretera y los coches.

La madre nunca dejaba que las gemelas cruzaran solas la calle, pero un día una llamada de trabajo hizo que por primera vez las dejara, siempre y cuando miraran a ambos lados antes de cruzar, que fueran cogidas de la mano y de que tuvieran mucho cuidado. No dio ni dos pasos cuando al girarse vio como un camión había atropellado a sus pequeñas. Las hermanas habían muerto y su madre quedó destrozada por el dolor.

Un tiempo más tarde, la madre volvió a quedarse embarazada, y misteriosamente, de nuevo dio a luz a dos preciosas gemelas, y aunque estaba feliz por ello, el recuerdo de sus hijas muertas todavía le dolía y aún seguía presente en su mente, pues una madre nunca olvida a sus hijos.

Cierto día, casualmente cuando las niñas tenían la misma edad que sus hermanas al morir, la madre vio entonces que sus hijas se acercaban demasiado a la carretera mientras jugaban. Muy asustada por el recuerdo de sus hijas muertas bajo el camión corrió a advertir a las pequeñas de que se alejaran de la carretera y que no jugaran cerca, por lo que éstas le dijeron: “no íbamos a cruzar mamá, ya nos atropellaron una vez aquí y no queremos que vuelva a pasar”.

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