La niña en la puerta

Una tarde cuando Laura regresaba del mercado encontró como una persona parecía estar a punto de abandonar la puerta de su casa, ella se apresuro rápidamente para ver que es lo que pasaba y corrió hasta aquel hombre; muy buenas tardes señor lo puedo ayudar en algo, no señora no se preocupe ya la niña me recibió el paquete que le traía, asombrada Laura le dijo que en su casa no había ninguna niña, a lo que el mensajero soltó una carcajada y le mostró unos rayones hechos sobre el papel que tenía de recibido, le dijo a Laura que la niña había insistido en firmar y que le había dicho que se lo daría a Laura, en ese instante la mujer muy molesta tan solo azotó la puerta de su casa a aquel cretino que la quería molestar, seguramente era para aquel programa de televisión que tanto odiaba en donde se le jugaban bromas a la gente, así que tomo de nuevo la bolsa cargada de verduras y las compras realizadas en el mercado y se dirigió a la puerta interior que daba hacia la casa.

Sacó las llaves de su monedero y abrió la casa, se dirigió hacia la cocina para dejar lo que acababa de comprar y repentinamente las ganas de ir al baño la invadieron, así que tan solo entró a la cocina y dejó la bolsa en la entrada, sin embargo pudo ver una caja de reojo sobre la mesa de la cocina, ella se dirigió al baño y corrió para que no le sucediera un accidente, repentinamente algo en su cabeza le indico que no todo se encontraba bien, Raúl su marido no se encontraba y sus hijos Juan y Pedro estaban en la secundaria y no podían haber dejado nada, terminó de hacer lo que tenía que hacer, se lavó las manos e intentó dirigirse a la cocina para corroborar si en realidad había una caja sobre la mesa o había sido su imaginación.

Se dirigió lo más pronto cuando repentinamente sonó el timbre de la casa, ella fue a abrir la puerta, abrió la entrada de la casa y se dirigió a la puerta del zaguán en donde ella pregunto de un grito ¿Quién? Inmediatamente tuvo respuesta, paquetería Express señora, Laura abrió la puerta de mala forma pues de nuevo se trataba del tipo de la cámara escondida, ella abrió y le dijo, mire joven haber si se deja hacer el gracioso por que no tengo terminada la comida y mi familia no tarda en llegar, aquel joven le dijo que no se trataba de ninguna broma y de su camioneta saco un paquete pequeño.

Laura miro rápidamente y el joven estiró la hoja para que la mujer firmara, sin embargo aquel joven le comentó, señora perdón que me meta pero no debería dejar sola a su niña o debería decirle que no le abra a nadie, Laura terminó de firmar aquella hoja y volteó a verlo con una cara de enojo, mire joven en esta casa somos cuatro de familia y no tengo niñas, mijo mas chico tiene 12 años y está en la escuela, el joven tosió  nerviosamente y le dijo, no señito entonces la niña que me recibió hace rato; y volvió a enseñarle la hoja con garabatos, casi ilegible se podía distinguir algo así como “Chayo” garabateado con dificultad, Laura volvió a mirar al joven y le dijo que no había ninguna niña en la casa ya con un tono de enfado en su voz, sin embargo el joven le dijo; no se enoje señito pero le juro que no la estoy engañando, Laura ya muy molesta se dirigió a la camioneta y abrió la puerta de un solo golpe y le dijo al joven; ya dígame donde esta su camarita, irónicamente dijo jaja caí que tonta soy, pero discúlpeme pero tengo muchas cosas que hacer, mi familia no tarda empujo aquel joven; y yo todavía no acabo ni de empezar la comida.

De un golpe cerró la puerta de entrada y con el paquete en la mano se dio cuenta que se trataba de algo mandado por su mamá desde Guanajuato en donde ella vivía; así que abrió la caja y se dio cuenta que contenía unos tacos de futbol del numero 7 seguramente eran para Pedro su abuela se los había mandado; repentinamente sintió pena por aquel joven al que le había cerrado la puerta tan groseramente y de nuevo se dirigió a la cocina ya sin pensar en el paquete anterior.

Sobre la mesa pudo ver una caja grande y de prisa fue a mirar quien la enviaba, se puso nerviosa por no saber de donde había salido y sobre lo que le había contado el mensajero de la niña y de nuevo se dio cuenta que era un nuevo paquete de su mamá, lo abrió y en su interior había muchos pares de zapatos de hombre y un par de mujer, de pronto calló al piso una nota en la que se notaba la letra de su madre.

“hija te envío unos zapatos por que fui a León y los pude comprar, me acorde que pronto será el cumpleaños de Pedrito y aparte le envío sus zapatos de futbol que tanto quiere, con cariño tu mamá”

Laura se espantó por un momento y escucho como alguien abría la puerta de la entrada, el corazón le dio un giro y comenzó a palpitar rápidamente; tomó un sartén y salió lentamente, de pronto miró que alguien daba la vuelta a la cocina y acertó un fuerte golpe a la persona que giraba en la puerta de la cocina.

Un fuerte grito se escucho tras un ruido hueco estrellándose sobre el hombro de aquel hombre el cual caía al piso tomándose el hombro adolorido; ¿pero que haces mujer estás loca?; Raúl, discúlpame mi vida, le decía a su marido mientras lo ayudaba a incorporarse, el hombre sobándose el hombro la miro y se sentó en la mesa de la cocina donde acostumbraban comer y Laura le platicó todo lo que le había pasado; el hombre inaudito palideció cuando escucho el nombre “Chayo”, pues a pesar de que tenían años viviendo en aquella casa nunca habían visto ni vivido nada parecido; Raúl hizo sentar a Laura y le contó que antiguamente la casa en la que vivían la cual había sido herencia de su madre muerta, habían vivido en su infancia solo cuatro personas, su padre antes de abandonarlos, su madre, él y su hermana Rosario, sin embargo nunca le había contado nada a su mujer por que tenía un vago recuerdo de ella, era la mayor de los 2 y falleció cuando ella tenía siete años y él tan solo dos, murió justamente desnucada a la entrada de la casa un día de lluvia cuando saltaba entre los charcos, o por lo menos eso es lo que le había dicho su madre y motivo por el que su padre los había abandonado;  justamente ese día se celebraba su aniversario luctuoso, Raúl no lo podía creer y Laura mucho menos, así que ese día toda la familia fue a donde Rosario estaba enterrada y le llevaron flores a su tumba, la cual estaba totalmente descuidada, junto con sus hijos cortaron la hierba que crecía muy, muy alto y la dejaron impecable, ese mismo día Raúl dedicó una misa en memoria de su hermana mayor muerta, cuando llegaron a la casa después de la misa ya bastante noche al momento de abrir la puerta se escucho una risa infantil seguida de un gracias y nunca más se supo de aquella aparición.

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