La niña en el cementerio

Cuenta la leyenda que un día en la Ciudad de México un taxista circulaba a altas horas de la noche después de dejar un pasaje muy cerca del panteón de dolores, por el cual pasaba enfrente para regresar a su casa después de un día de arduo trabajo.

Justo frente al panteón y del lado contrario, pudo ver que le hacía la parada una joven; el taxista inmediatamente pensó que estaba cansado y que lo único que quería era regresar a su casa para poder cenar algo y meterse a la cama, tuvo la sensación de que dejar a una joven sola a esas altas horas de la noche no le permitiría conciliar el sueño, así que echo su taxi en reversa y estacionó la puerta trasera frente a la niña para que abordara el taxi.

¿A dónde la llevo señorita? Dijo el taxista mirando el retrovisor, en donde se pudo percatar que la niña que estaba en su automóvil era de una belleza inigualable de unos 17 o 18 años de edad y un pequeño pinchazo en la cabeza surgió cuando la niña le habló; -Por favor lléveme a 7 iglesias, las que usted conozca y que estén cercanas a este lugar- El chofer escuchó de la boca de la joven un dejo triste pero una hermosa voz. -Señorita no cree que ya es muy tarde para andar sola paseando por esta ciudad tan peligrosa, además a estas horas las iglesias no están abiertas, dijo el taxista; a lo que la joven contesto; -No importa que no pueda entrar es un ritual que realizo una vez al año y tan solo me quedo frente a las iglesias y hago una pequeña oración.- Escuchó el taxista con otro pequeño piquete como un dolor de migraña, lo que el atribuyó al pesado día de trabajo en la congestionada ciudad.

Pues démosle velocidad, pensó el chofer, para que pueda llegar lo antes posible a mi casa, y puso en marcha el carro; así fue que el taxista llevó a la chica a iglesias cercanas de donde estaban ya que afortunadamente conocía muy bien la zona pues estaba muy cercana a su hogar; la niña bajo a las siete iglesias y cada que la chiquilla bajaba, el chofer sentía una tranquilidad y le dejaba de punzar la cabeza, así sucedió durante las seis iglesias restantes hasta que por fin al término de la visita de la última iglesia, la chica le pidió que la llevara donde la había encontrado; ya bastante adolorido de la cabeza y realmente muerto de cansancio el chofer así lo hizo y paró el vehículo frente al panteón de dolores donde la había recogido.

La muchacha al bajar del taxi cerró la puerta y se acercó al asiento de copiloto en donde la ventanilla estaba abajo, -Me da mucha pena haber abusado de usted esta noche, la verdad es que no traigo nada de dinero pero le voy a dejar en prenda este relicario; por favor acuda con mi padre y el le pagara por su servicio, por favor dígale que lo amo y que yo estoy bien, que le pido que haga lo que nunca hizo-  El taxista ya con un dolor insoportable de cabeza tomo el relicario y ya ni molesto por la situación, arrancó su unidad, pues lo único que quería era llegar a su casa a recostarse pues el dolor de cabeza lo estaba matando; la niña le dio la dirección al taxista y muy curiosamente se le gravó en la cabeza como si ya la supiera.

El chofer arranco su taxi con el relicario en la mano y se dirigió a su casa tan solo recordando la dirección dada por la mujer y un terrible dolor de cabeza con el cual apenas podía pensar. Llegó a su casa y se tumbó en la cama, dejó el relicario en la mesa de noche y su esposa lo vio realmente pálido y le dijo que estaba ardiendo en fiebre, el chofer pasó inconsciente días y fue llevado a un hospital de la zona, hasta que después del cuarto día misteriosamente la fiebre cesó y la enfermedad que los médicos tenían días en no encontrar, desapareció de un segundo para otro, el taxista fue dado de alta de la clínica del seguro social y se dirigió a su casa, al llegar a su cama lo primero que vio fue el relicario, a lo que inmediatamente le vino a la mente la dirección que repetía mientras deliraba en el hospital. Tomó el relicario y se dispuso a ir a esa casa.

Ya afuera de la casa se pudo dar cuenta que la zona era realmente buena, y la casa a la que se dirigía era las grande de la cuadra, apresuradamente toco el timbre de aquella mansión y fue recibido por un sirviente de la casa, al cual le pidió hablar con el señor de la casa y este lo hizo pasar y esperar. Pudo ver a un anciano bajando la gran escalera de mármol, de mirada muy parecida a la de la niña que abordó su auto y le comentó lo que había pasado, a lo cual el anciano lo miraba incrédulo, hasta que el chofer saco el relicario de su bolsa y se lo mostró al viejo; cuando este lo tuvo en sus manos echo a llorar desconsolado, a lo que el taxista no entendía nada; el anciano se aproximo a una mesa en donde se encontraba de espaldas un retrato el cual extendió al taxista; asombrado el hombre lo miró y vio la fotografía de la chica que había abordado su unidad unas noches antes justo con la misma indumentaria que llevaba ese día, el viejo le contó que justo cuatro noches antes se celebraba el aniversario de la muerte de su hija, la que veía en la foto; había sido atropellada por un taxista inconsciente hace 6 años y el relicario que le estaba dando era lo único con lo que la habían enterrado; el taxista pálido y sobresaltado vio como el viejo se desplomó dando berridos de dolor en su llanto desconsolado, el chofer le ayudo a incorporarse de nuevo y le dijo lo que su hija había mandado decir; a lo cual el viejo le contó al taxista que cuando su hija falleció no había mandado hacer misas para su descanso, por que tenía un viaje de negocios importante.

Se dice que después de las misas previas que le mandó hacer el viejo a su hija su salud mejoró increíblemente y el taxista compró una flotilla de taxis con la bonificación del anciano.

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