La leyenda del payaso parte 5: leyendas escolares.

Viene de la parte 4

El grito de aquel niño por toda la escuela se reprodujo una y otra vez noche tras noche; era el tercer día y aún no se sabía nada de aquel pequeño ni de lo que la había pasado, y como podrán comprender como sucede en una escuela de niños se comenzaron a hacer chismes fantásticos, desde la clásica historia de la monja que se parecía en el salón de actos a tocar el órgano, hasta que el niño había matado a alguien; así siguieron los días hasta acabar la semana, y yo seguía teniendo ese grito escalofriante en la cabeza y no dejaba de pensar lo que le había sucedido a Don Panchito y ahora a ese niño en aquel lugar.

Una tarde pedí permiso a mi mamá para poder ir a la muy famosa para su época Plaza Universidad para poder ir a jugar maquinitas y ver una película celebrando el cumpleaños de uno de mis compañeros de salón; ese sábado estaba muy animoso de salir y mi mamá sorprendentemente me dio los que en aquel entonces eran diez mil pesos para gastar; la verdad para un niño de mi edad era una fortuna, así que todavía más emocionado me dispuse a abrocharme el cinturón del asiento del copiloto del Dart de mi papá y mi mamá arranco el automóvil hasta la puerta de la plaza en donde nos estaban esperando mi compañero y su mamá junto con otros 4 colegas, baje del auto, le di un beso en la mejilla a mi mamá, esta me lo devolvió y me persignó como acostumbraba a pesar de que le había dicho ya un millón de veces que no lo hiciera frente a mis amigos de la escuela y sonrojado me dispuse a salir del auto.

Salude a mis compañeros y a la mamá del festejado y nos dirigimos a la entrada del dorado 70 para comprar las entradas de la película, la cual no recuerdo con claridad; la película comenzaría hasta dentro de 50 minutos, por lo cual nos dispusimos a ir hacia las maquinitas que se encontraban fuera de la plaza, un local llamado “chispas”, el lugar de paraíso de un niño de mi edad; pues jugar robocop era lo ultimo en el grito de la moda entre mis congéneres.

Entramos al local y por parejas nos dispusimos a entrar a gastar algunos pesos, nos dirigimos a la caja en donde se vendían las fichas y compre 5 para poder comprarme después unas palomitas y un refresco en el cine y de salida poder jugar otra ronda de mi juego favorito, “Mikie”

Camine hacia el pasillo junto mi colega Carlos, un pequeño con muchos problemas en su casa, sus papás se estaban divorciando y el estaba realmente afectado, simplemente demostraba su tristeza no hablando en lo absoluto y no reflejando su tristeza en la cara bajo ninguna forma.

Caminamos hacia el fondo del pasillo en donde estaba la máquina que queríamos jugar y logramos ver a lo lejos que se encontraba ocupada, aun así nos dispusimos a hacer fila para ver si se desocupaba pronto y nos pusimos detrás del niño que estaba jugando el videojuego. Aquel niño era realmente bueno, ya estaba en el nivel 6 sin que le hubieran matado, en lo personal a mi me hubieran asesinado en el nivel 4 que era el que no había podido pasar nunca; muy clavados viendo como jugaba aquel chavo vimos como terminaban con su crédito.

Aquel niño volteó y cual fue mi sorpresa de encontrarme de frente a Mauricio, aquel que llegó a ser mi incondicional durante un gran periodo de mi vida; se me quedo viendo y una sonrisa se dibujo en su rostro; me abrazo realmente con cariño fraternal y me estrecho la mano como unas mil veces, intenté platicar con él pero el rudo de todas aquellas máquinas no me dejaban hacerlo; le di mis fichas a Carlos y seguí hasta la puerta del local, donde fui interceptado por la mamá del festejado.

¿A dónde crees que te diriges jovencito?; mi respuesta simplemente fue, pues solo voy afuera a platicar con mi amigo; la señora con un gesto extrañada pensando que no le contestaría simplemente dijo. No puedes salir de aquí tu mamá te encargo conmigo y no puedes salir.

Mi mirada fulminante acabo con el gesto de la señora y mi rabia salía por los ojos; no podía creer que no podría platicar con mi amigo después de no verlo por un año, era la oportunidad de saber que es lo que le había pasado a Don Panchito y saber donde había estado mi amigo por todo este tiempo; pero ahora una señora gruñona me lo impediría y no sabía cuando podría volver a ver a Mauricio.

Sigue en la parte 6

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *