La leyenda del payaso parte 4: leyendas escolares.

Viene de la parte 3

No puede ser, pero esta así por quedarse encerrado una noche en la escuela, no puede ser, volví a decir.

La niña agacho la cabeza y con una voz casi susurrante me dijo, dice haber visto algo horroroso, que alguien lo molestó durante toda la noche hasta que calló inconciente.

Pero ¿Qué puede ser tan espantoso para que él quedara así? Fue lo que pregunté.

Dice haber visto un payaso que le decía que se comería su alma. Una carcajada salió de mi boca para darme cuenta que la niña me miraba con odio a lo cual inmediatamente callé.

Lo siento, dije de nuevo agachando la cabeza una ves más pensando que era mi culpa. No puede ser, respondí, como es eso. La niña dijo que eso era lo que había dicho a los paramédicos en sus últimas frases de lucidez y que todavía por las noches despertaba gritando que el payaso estaba en su habitación. Me comentó que su familia ya no podía seguir viviendo con esto y que en un mes aproximadamente lo internarían en un hospital psiquiátrico de la zona.

Con mucha lastima por don Panchito me despedí de su hija y de él, aunque de nuevo simplemente fui ignorado.

Salí de la tienda realmente pensativo, ¿Qué había sucedido en realidad? Para que don Panchito hubiera quedado así, la culpa me carcomía las entrañas y no lo dejaba de imaginar avejentado y en su silla de ruedas, él que siempre había sido una buena persona  y siempre andaba de buen humor, siempre regordete y alegre y ahora flaco y sentado en una silla confinado a toda su vida, sin hablar y permaneces en su mundo.

Llegué a la casa y mi mamá me regaño por no haber traído el pan, así que tuve que regresar aun pensando en lo que había pasado unos minutos antes; todo el camino de ida y de regreso pensando en lo mismo y así pase el resto de mis vacaciones y el principio del año escolar.

Ya me sentía todo un adulto, estaba dentro del más alto eslabón de la cadena en la primaria, era un personaje de sexto año, así nos gustaba pensar a los niños en la primaria, y todos mis compañeros se sentían del mismo modo, siempre que pasaba por la covacha me acordaba de la imagen del súper e inmediatamente se me borraba la sonrisa. Por cierto que ese cuarto pasó a estar cerrado por años y se comenzaron a contar historias de miles de cosas que le habían pasado a don Pancito, y yo nunca le dije a nadie lo que la niña me había platicado.

La covacha siempre era el punto para los mas valientes, todos habían visto como sacaban al conserje en camilla y lo que le había pasado, pálido de muerte y recostado, así que muy pronto este cuarto se volvería un punto oficialmente embrujado para los niños de la escuela, en donde solo el mejor se atrevería a meterse por unos segundo.

Yo cada día pensaba que es lo que había pasado en realidad, y un día muy decidido intente meterme en la covacha, pero fue tanto mi miedo cuando estuve a punto de abrir la puerta que salí corriendo despavorido.

Un día a media mañana todos en clases y callados escuchando la misma, se escucho un grito aterrador proveniente de algún lado de la escuela, todos se asomaron por las ventanas y lograron ver como las monjas llegaban a la covacha apresuradamente y sacaban a un niño de tercero de primaria cargando. A partir de ese momento fue cuando todo comenzó a ponerse bastante desagradable y como viví el peor año de mi vida en la primaria.

Sigue en la parte 5

Comentarios

  1. Por Daniel Ponce

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    • Por Carlos

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  2. Por Daniel Ponce

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