La leyenda del payaso parte 3: leyendas escolares.

Viene de la parte 2

Dentro de la escuela nunca nos enteramos de muchas cosas de las que pasaron, terminé el cuarto año con mejores calificaciones que el año anterior pero extrañando cada día a mi mejor amigo Mauricio, y nunca me explique que es lo que le había pasado a don Panchito ese día que le hicimos la broma, pues el conserje nunca más volvió a pisar la escuela, incluso no sabía si todavía vivía o que le había sucedido; siempre le pregunte a algunos maestros pero siempre fueron muy cerrados y no quisieron darme información.

Todos los días intentaba hablar con Mauricio a su casa pero siempre me colgaban la bocina al escuchar mi voz, hasta que por fin un día su teléfono me dijo que ya no tenía dueño, que el teléfono había sido cambiado, así que deje de insistir; esas vacaciones de verano fueron las más tristes para mi, a pesar de que mi mamá me inscribió en un curso de verano en una biblioteca cerca de mi casa e hice muchos amigos, jamás volvió a ser lo mismo y no volví a tener en la infancia un amigo como al que tanto extrañaba.

Una tarde mi mamá me envió al Aurrera muy cerca de mi casa a comprar el pan y de mala gana dejé mi Nintendo prendido y me levanté para hacer el encargo; de muy mala gana me dispuse a ir al centro comercial y entre para comprar el encargo, a lo lejos me apreció ver a un señor que conocía, este señor estaba con la mirada perdida y en silla de ruedas, estaba realmente viejo y canoso, y con la mirada hacia la nada.

Me acerque pensando todavía que conocía a ese señor y mi sorpresa fue el ver que se trataba de don Panchito, solo que en cuestión de menos de un año estaba realmente viejo y acabado, me acerque saludando a la silla de ruedas olvidada en un pasillo del centro comercial,. Solo para recibir un silencio prolongado como respuesta.

Seguí haciendo preguntas, el señor me miraba pero muy fijamente y nunca recibí ni una palabra de su boca, a lo lejos escuche una voz femenina de una muchacha que algún día vi dentro de la escuela con don Panchito, se trataba de su hija, solo que cuando la había visto no era tan grande, parecía que tendía unos 12 o 13 años.

No te va a responder, así ha estado por un par de meses, fue lo que me dijo la joven, mi cara de asombro y el no decir nada, dio pie para que aquella joven siguiera hablando. Le detectaron un problema mental, cuando salió de su trabajo esa mañana  solo dijo un par de frases que derepente sigue repitiendo. Pero ahora así lo ves todos los días, mientras que una lágrima rodaba en la mejilla de la niña.

De verdad lo siento, fue lo único que pude decir agachando la cabeza y con un inmenso sentimiento de culpa, sabiendo que había sido yo parte de que el señor estuviera así.

¿Qué es lo que le paso? Fue la frase seguida a mi acto de arrepentimiento, la chica me contestó que ese día había pasado la noche en su covacha y grito desesperadamente pero nadie le abrió, algunos graciosos lo encerraron, así que pasó la noche dentro de la escuela, mi madre estaba angustiadísima y lo buscamos por cielo mar y tierra pero las monjas no dejaron que entráramos a la escuela por la noche diciendo que el no se encontraba en su lugar de trabajo.

La verdad es que ninguna lo fue a buscar, quizá si ellas lo hubieran buscado mi padre no se encontraría así.

Sigue en la parte 4.

Comentarios

  1. Por Daniel Ponce

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