La leyenda del payaso parte 10: leyendas escolares

viene de la parte 9

Aquel payaso dejó de aplaudir y se quedó serio repentinamente; unas palabras comenzaron a salir de su boca o por lo menos eso fue lo que pensamos, por que lo logramos escuchar a pesar de que nunca movió sus labios, de nuevo sentí como el agua recorría mi pierna en forma de hilo y muy pronto un escalofrío recorrió mi cuerpo entero, pensé que me desmayaría en ese instante peor el miedo que me daba aquella entidad que nos miraba y se acerco a nosotros como si quisiera susurrarnos a la oreja, pero en realidad nos estaba olfateando con su nariz grande como de pelota de esponja.

No se espanten niños, no les voy a hacer nada… todavía, ustedes fueron los que lograron que despertara de mi sopor, gracias a su broma con el conserje logré adquirir una alma atormentada con el miedo, pero créanme que no olía así como su alma temerosa huele en este momento, pero… no me puedo alimentar de mis salvadores, mis rescatadores, mis ayudantes, gracias a ustedes regresé a la vida desde donde me encontraba oculto en las tinieblas; ese hombre fue mi primer alimento en por lo menos unos 25 años, cuando trabajaba aquí.

Pero creo que eso no les interesa a ustedes, de verdad no tienen por que temer, a ustedes dos los dejaré al final cuando tenga las almas que necesito ya llevo unas cuantas pero no son suficientes para poder liberarme de este lugar y así poder vagar por el mundo y seguir haciéndome fuerte, todo se lo debo a mi amo, el cual me hizo lo que ahora soy.

Ese sonido tambaleaba en mi cabeza y de verdad que no abría la boca para emitir palabras; Mauricio se aferraba con más fuerza a mi y parecía que a él también ya le había sucedido lo mismo que a mi en sus pantalones.

Repentinamente la figura espectral volvió a desplazarse como subido en su nube y justo cuando seguiría hablando con nosotros, se abrió la puerta del baño y una figura que no pudimos distinguir por la repentina entrada de luz a la tenuidad del baño hizo que el payaso volteara a verla; aquella silueta entró y aun cegados por el resplandor que provenía de fuera escuchamos que le dijo, no puede ser, ¿eres tu? El payaso se aproximó a ella y de pronto se desvaneció en el aire dejando de nuevo una risotada en nuestras cabezas pero esta vez de una forma mas macabra que la anterior, al mismo tiempo que decía, nos volveremos a ver amigos.

La figura que daba a contraluz  hacia nosotros se aproximo preguntando ¿están bien niños?, a la vez que unas lagrimas salían de nuestros ojos, ella nos tomó de las manos y nos saco de aquel baño.

Ya en un salón de junto y con nadie en la escuela como si hubieran pasado horas, la mujer nos sentó en un pupitre y trató de tranquilizarnos.

Ya pasó todo muchachos por favor digan algo, ¿quieren que llame a un doctor, que le llame a sus familias? Pero muy pronto Mauricio respondió que no era necesario a la vez que movía mi cabeza en negativa de lo propuesto por la monja.

¿Qué fue lo que pasó? Pregunto ella muy quitada de la pena, como si no hubiera visto lo mismo que nosotros habíamos visto, su cara no tenía un rastro de asombro como si aquel ente no se hubiera desvanecido frente a su ojos.

La madre Lucero era la monja más vieja dentro de la escuela. Era encargada de la cooperativa del colegio y se encargaba de la administración de la misma, las malas lenguas decían que tenía años dentro de aquella escuela, incluso no se sabía por que no era la directora del plantel, teniendo tantos años en ese sitio; se decía que incluso ella estaba ahí antes de que fuera una escuela, cuando simplemente era un pedazo del lugar el cual ahora era y se encontraba dentro de la orden de su religión desde hacía ya muchísimos años.

Aunque en realidad no se veía tan anciana los niños decían que tenía mas de 120 años y que estaba perfectamente conservada por que había firmado un contrato mágico; esta historia la creí durante algunos años cuando estaba en el kinder y preprimaria y en primero de primaria, pero poco a poco me di cuenta que esto era mentira, pues a últimos días la madre lucero se veía cansada.

Quiero que lo que vieron hoy en ese baño no se lo comenten a nadie, quiero que quede entre nosotros y que no salga de este salón; me daré a la tarea de protegerlos a todo momento de ese ente y créanme que no les hará daño; esto lo decía como si fuera realmente familiar a ella.

De inmediato Mauricio de un brinco y ya un poco más desahogado del suto comenzó a gritarle a la monja.

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