La leyenda del payaso parte 1: leyendas escolares.

En estos apartados de leyendas escolares les voy a comenzar a contar algunas historias que me han contado o me han hecho favor de mandar los lectores de este honorable foro, por supuesto sin hacer referencia a su nombre en el relato y haciéndolos como si fuera yo el que las vivió, así que sin más comenzare este primer relato de la colección y espero que sea el primero de muchos más. Cabe mencionar que es bastante largo y será contado en partes.

Hace ya muchos ayeres tuve la suerte de estudiar en un colegio muy bonito, lo que no me gustaba tanto es que era un primaria dirigida por monjas; aunque en realidad no estaba tan mal, solo algunas no eran del todo gratas, este colegio era muy grande, o quizá no, quizá solo era mi apreciación de aquellos días en donde solo era un niño.

En el año de 1985 estaba a punto de estrenar salón de primer grado, a pesar de que el año escolar llevaba unos pocos días los salones estaban en proceso de terminado, ya que los estaban pintando y limpiando después de unos 2 años de construcción, la escuela se veía impactante, parecía como si fuera totalmente nueva a pesar de que muchas generaciones y anécdotas ya habían pasado por sus antiguas paredes y comenzarían nuevas andanzas con las nuevas, recién construidas.

Los 2 años de preescolar los había echo en la misma escuela pero jamás había pasado al patio de los grandes aunque veía de lejos como construían los nuevos edificios a lo lejos, así el primer día de clases recién ingresado a la primaria tome clases con la maestra Rosita en un pequeño salón de lámina, hasta que el 19 de septiembre de 1985 por fin entraríamos a conocer nuestras nuevas aulas.

Desafortunadamente esto no fue posible ya que un terrible terremoto asoló la ciudad de México y regresamos a la escuela cerca de 2 semanas después; un poco espantados por la tragedia pero con muchas ganas de estrenar salón.

Así el día que regresamos a la escuela vimos como protección civil revisaba los nuevos edificios y toda la escuela, pero sucedió algo curioso, un Pegaso de la antigua escuela sufrió un daño estructural, curiosamente era la bodega de mantenimiento, justo donde don Panchito guardaba cosas como podadora, escobas y cosas para reparar los imperfectos, y desafortunadamente tuvieron que derruir el pequeño cuarto de una especie de adobe.

Aun era muy pequeño y lo recuerdo como si fuera ayer, estábamos a la hora del recreo y ese día mi mamá me había dado luch por lo que no tuve que hacer la tediosa fila de la cooperativa para alimentarme, estaba sentado con mis amigos y nuevos amigos y vimos como una escavadora a lo lejos sacaba los escombros del que fue el taller de don Panchito el conserje y todologo de la escuela; de pronto vimos una tela de color azul con amarillo Salir de los que laguna vez fueron los cimientos, pero no le tomamos importancia, hasta que angustiadísimos los trabajadores salieron corriendo para buscar al arquitecto. Tocaron la campana para regresar a clases y nunca más volvimos a saber nada de nada, las maquinas se fueron y volvieron a construir un nuevo taller, solo que ahora mas grande y mas bonito.

El tiempo pasó y cambiamos de salón algunas veces en cuarto año de primaria muchos amigos viejos ya no estaban conmigo pero tenía algunos nuevos que hice en el camino, uno de ellos era Mauricio, un chavo que venía de su tercera escuela dentro del D.F. y decían las malas lenguas que era por su mal comportamiento; a mi me parecía lo máximo, era como lo que siempre había querido ser, rebelde con las maestras y muy popular con todos, incluso con los niños mayores; pero era mi mejor amigo, lo cual me alababa.

Sigue en la parte 2

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