La leyenda de los bastones de caramelo navideños.

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, había un hombre que se dedicaba a pedir limosna a las personas más favorecidas. Un día sintió que alguien se acercaba hacia él, como era su costumbre, alzó su mano esperando recibir algo de dinero, en ese momento, el señor que se acercó, le regaló un caramelo y le dijo cual era el procedimiento y los ingredientes necesarios para hacerlo, a lo que el vagabundo prestó mucha atención, aquellas palabras fueron maravillosas para sus oídos, puesto que gracias a esas breves frases, fue el detonante suficiente para poder mejorar su vida.

Con el poco dinero que tenía, compró material suficiente para empezar, inmediatamente empezó a ganar fama y dinero, hasta convertirse en el mejor dulcero de su época, sin olvidar su origen humilde, en aquella navidad decidió compartir en un dulce todo su agradecimiento.

El hombre hizo dulces de color blanco, como símbolo de aquel que, sin conocer el pecado, se entregó por nosotros para que tuviéramos vida eterna, tres finas líneas rojas rodeaban sus dulces como símbolo de aquel que siendo Dios, existe eternamente en tres personas: El padre, el hijo y el espíritu santo.

Le dio forma de bastón para que fuesen símbolo callado del buen pastor que conoce a sus ovejas, va delante de ellas, a su vez le conocen, oyen su voz y le siguen.

Una franja gruesa de color rojo viste de principio a fin su dulce, como símbolo de aquel quien se sacrificó derramando su sangre en la cruz, a fin de que, quien esté arrepentido pueda acercarse a Dios y recibir la salvación y la Paz.

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