Historias de hospitales: El cuarto 54

Esta historia me fue contada por una persona muy cercana a mi que en la actualidad es de profesión Medico ginecólogo; y cuenta sus días como residente de esta clínica sucedían cosas muy raras, aquí comenzamos con el relato.

Sonia era una mujer de unos 23 años de edad que estudiaba medicina, sin embargo como ya todos sabemos las presiones de la profesión eran demasiadas y los problemas económicos en su casa eran muy serios, incluso estuvo a punto de dejar de estudiar para así poder ayudar económicamente a sus padres los cuales recientemente se habían quedado sin trabajo, ella muy preocupada comenzó a buscar trabajo, pero su madre nunca permitió que aceptara aquellos empleos de poca monta en donde solo le pagaban unos cuantos centavos por una ardua labor de todo el día.

Esos días se encontró con un amigo que tenía mucho tiempo que no veía, su nombre era Francisco, al cual le contó sus penas tomando un café y este le dijo que una de sus tías tenía una pequeña clínica en la que el trabajaba y practicaba pues eran colegas de profesión, aunque Paco se especializaría en cirugía general; muy contenta le pidió le dijera a su tía que le diera un trabajo de medio tiempo, a lo que su amigo aceptó y dijo que haría lo que pudiera.

Días después fue llamada para una entrevista por personal de la pequeña clínica privada y ese mismo día después de unas horas fue aceptada para trabajar en la clínica, pero tan solo como asistente de enfermera, lo que a ella no le importaba; lo que a Sonia le llamó más la atención es que ganaba como si en realidad se tratara de un doctor profesional y titulado, sin embargo no todo era miel sobre hojuelas, pues su horario de trabajo era nocturno y 4 veces a la semana, su día de trabajo comenzaba a las 8 de la noche para salir a las 8 de la mañana.

Así muy contenta les dijo a sus padres de su nuevo trabajo, ellos muy entusiasmados también le dijeron que habían conseguido un préstamo y pondrían un negocio familiar, a lo cual Sonia les dijo que ayudaría mientras tuviera trabajo, sus padres accedieron a que tomara el trabajo siempre y cuando no descuidara su escuela ni sus prácticas profesionales.

Él primer día Sonia fue presentada con todo el personal y fue llevada con su jefa directa una mujer de nombre Isabel, la enfermera parecía muy agradable era de aspecto refinado y un poco mayor, aproximadamente de unos sesenta y tantos, ella la hizo sentar y le dio la bienvenida a la clínica; lo primero que le dijo fue, “espero no seas miedosa porque aquí pasan muchas cosas raras”; Sonia asintió con la cabeza sin saber lo que desde ese primer día sería testigo.

La noche había transcurrido de lo más pacífico, era un día lunes y no había ni una sola alma en cuartos, así que se encontraba platicando con la recepcionista una joven llamada Malena, que según le decía tenía casi dos años laborando ahí; pasaron muchas horas y Malena le indicó que iría al baño, casi eran las 3 de la mañana así que ella asintió con la cabeza un poco somnolienta por su día de escuela y practicas, no había podido descansar ni un minuto; Malena la vio cansada y le dijo que se recostara un poco en algún cuarto vacío cercano a la estación, pero a Sonia le dio mucha pena y no acepto; Malena salio de aquella pequeña estación y se dirigió a los baños más próximos.

Justo al dar las 3 de la mañana cuando Sonia estaba cabeceando, sonó el teléfono, y logró ver que era una llamada del cuarto 54, lo cual la asombró pues pensó que no había nadie en la clínica, pero ella no estaba muy segura; descolgó la bocina y nadie contestó del otro lado, ella pensó que no pasaba nada, pero justo cuando colgó la bocina sonó de nuevo y de vuelta volvieron a colgar, ella se preocupó pues quizá se trataba de una emergencia, de inmediato el sueño desapareció y se puso de pie para dirigirse al cuarto mencionado.

Se paro frente a la habitación 54 y toco la puerta cordialmente; sin embargo no hubo respuesta, de nuevo golpeo la puerta y nadie respondió, así que ella abrió el cuarto y en su interior un poco obscuro logró ver un joven reposando en la cama, pasó al cuarto y vio que se encontraba solo, sin nadie que le acompañara, se veía realmente fatal, su piel era pálida como el papel y sus ojeras pronunciadas le daban un terrible aspecto.

Sonia se dirigió a la cama para preguntarle ¿si estaba todo bien?, el joven la miro y le sonrió; le dijo que estaba todo bien; le preguntó si había hablado al conmutador, y él le dijo que tan solo quería ver a alguien, ella le dijo que si quería que se quedara un rato para hacerle compañía y él joven pálido asintió.

Mi nombre es Pablo, ¿Cómo te llamas?; ella contesto muy amablemente, mucho gusto Pablo mi nombre es Sonia y soy nueva; el joven se quedó dormido al instante y a ella se le hizo prudente salir de la habitación y dejarlo tranquilo; así que apagó una de las luces y cerró la puerta con cautela.

Se dirigió a la estación donde la esperaba Malena; ¿Dónde fuiste mujer? Sonia le respondió que fue atender la llamada del cuarto54, alo que Malena respondió, que rápido conociste a Pablo, Sonia contesto; “es un buen muchacho; ¿Qué tiene?” a lo que Malena le contestó; “Esta muerto”. Sonia pensó que había escuchado mal y rectificó ¿Cómo, perdón?; a lo que Malena respondió “Esta muerto”.

Malena hizo sentar a Sonia y le contó la historia de Pablo le contó que era un joven que había muerto a sus 24 años de leucemia sin embargo sus padres estaban siempre ocupados y nunca estuvieron con él, casi como si no les importara, solo vinieron hasta que el joven no pudo mas y murió, hasta ese instante llegaron sus familiares, esto tenía unos 6 años que había pasado pero su espíritu seguía en el hospital y a veces llamaba para que lo fueran a ver.

Sonia rió y le dijo que era una buena novatada, pero Malena se quedó muy seria y le dijo, ¿Cuánto te pagan?; Sonia respondió y Malena contestó, no te parece demasiado por ser solo una ayudante, pensé que te lo habían dicho pero te pagan eso por que en esta clínica pasan muchas cosas extrañas y Pablo es tan solo una de ellas.

Sonia no lo podía creer, así que corrió al cuarto 54 y abrió de nuevo la puerta para darse cuenta que el cuarto estaba vacío y con la cama tendida, le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, cerró la puerta y comenzó su trabajo en la clínica, en la actualidad Sonia sigue laborando como ginecóloga en aquel lugar y posteriormente les contaré algunas otras historias que me ha ido contando.

Comentarios

  1. Por DC

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *