Historia del centro histórico de la Ciudad de México.

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Esta es tan solo una historia de las muchas que existen en mi país y sobre todo del centro histórico, pues es bien sabido que se han tenido muchas tragedias dentro de este lugar, en específico les voy a contar una historia que llegó a mis oídos hace algunas semanas.

Para lectores que no vivan en mi país dentro de la plaza central del centro de la ciudad de México se acostumbra que algunos manifestantes se queden de plantón, esto es que pasen algunos días frente al palacio nacional pidiendo se les cumplan sus demandas, en esta ocasión lo que sucedió le pasó a un maestro que hace algunos meses se quedó de guardia en uno de estos campamentos y creo que no lo volverá a hacer en su vida después de lo que lo ocurrió.

Eran una noche del mes de el mes de noviembre, los maestros de una escuela pedían se les hiciera caso a sus demandas y apoyados por maestros de algunas otras escuelas foranes habían realizado una marcha desde el monumento de la independencia hacia el zócalo capitalino; el maestro Juan había sido obligado a asistir a esta manifestación y estaba harto de que se siguieran haciendo estas marchas y plantones que solo dejaban sin clases a sus alumnos y simplemente el gobierno ni los volteara a ver para siquiera darles una negativa.

Ese día tras un pesado sol pero un frío viento llegaron después de casi tres horas de marcha a pesar que el trayecto no era muy largo, sin embargo por la lentitud del evento ya se sentía bastante cansado, para su mala fortuna estaba un poco enfermo de gripa y traía una chamarra gruesa por el frío viento de noviembre en la ciudad de México, sin embargo el sol estaba a su máximo al medio día, así que un poco harto de todo el asunto por fin llegaron al centro y se decidieron a poner su pequeña carpa en la plancha del centro a un lado de la enorme bandera ondeante por el terrible y calador frío de ese día, al final de una larga jornada de gritos y reclamos sin sentido, fue con su líder sindical y le dijo que tenía que irse a su casa que no se sentía bien y que quería descansar en su cama y tomarse algo para la gripa antes que le diera al 100%.

El líder sindical lo volteo a ver dando una carcajada y le indicó que esto no sería posible, que se habían rifado los lugares de las 4 personas que se quedarían en la casa de campaña ese día y el había sido ganador junto con 1 maestra y dos maestros más, sin embargo, le dijo el líder, que tendrían sus alimentos de todo el día y se les recompensaría salarialmente por parte del sindicato; de mala gana Juan hizo una mueca de descontento y se metió en la casa que había ayudado a poner sin conocer el interior de la misma en donde había 4 catres con cobijas una mesa al centro y a los laterales miles de propagandas impresas, así que se tumbo en uno de los catres sintiéndose realmente mal, al rato entro una joven que le saludo y se presentó como Irma y podo después se presentaron Mario y Jacobo que serían los sorteados ganadores que tendrían que pasar la noche en aquel lugar; Irma se acerco y le tocó la frente diciéndole que quizá tendría temperatura, y su apariencia lo delataba; que realmente se veía muy mal.



La mujer lo volvió a tumbar en la cama y de un morral que colgaba de su brazo saco dos pastillas y una botella de agua y le pidió que se las tomara, preguntándole antes si no era alérgico a algún medicamento. Juan negó con la cabeza e ingirió las grageas, la mujer se recostó en el catre del lado de Juan y comenzó a hacerle la platica como si se conocieran desde siempre; alguna gente fue ingresando a la casa y los saludaba dejando altavoces y miles de cosas y luego despidiéndose; la noche fue cayendo y el líder sindical jamás se apareció; Juan había dormitado unas pocas horas y con la medicina de Irma se sentía mucho mejor; cuando despertó ya solo lo alumbraba una luz de lámpara depositada en la mesa en donde pudo observar a Irma y Jacobo platicando en voz baja; Jacobo lo volteo a ver y alzando la voz dijo, buenas noches dormilón; ¿Cómo te sientes? A lo que Juan asintió con la cabeza e Irma le acercaba un vaso de unicel con lo que parecía café, Juan dio las gracias y se incorporó a la mesa para seguir con la plática ahora ya a un mejor nivel de voz.

Mario entró a la casa y los saludó amistosamente sentándose en la mesa; platicaron durante algunas horas y se comenzaron a conocer poco más, se dio cuenta que todos venían de diferentes estados de la república y que el era el único que era del Estado de México, de pronto se dio cuenta que ya eran mas de la 1 de la mañana y recordó que no había dicho nada en su casa que su madre con la que vivía seguramente estaba muy preocupado por él, así que saltó y les pidió le prestaran un celular, a lo cual los tres respondieron que ninguno tenia dicho artefacto.

Ya realmente preocupado no sabía que hacer y vio que Irma iba hacia su morral, urgió unos segundos y estiró una tarjeta de teléfono a Juan, este agradecido les dijo a los tres que buscaría un teléfono, a lo cual los hombres dijeron que era peligroso y que no fuera solo, pero Juan negó con la cabeza y salió corriendo a lo lejos pasando la plancha logró ver algo que parecía un teléfono y corrió hacia ellos.

Descolgó la bocina y se dio cuenta que no servían, la calle y la plancha estaban totalmente solitarios solo se veían las luces de las casas de campaña instaladas junto a la bandera; recorrió esa calle con la vista y le pareció ver un teléfono a lo lejos, así que corrió una vez más. Corrió sobre el lado izquierdo de la calle y de pronto se vio en el piso pues había chocado con alguien.

Alzó la vista y se percato que se trataba de un hombre de aspecto extraño, parecía que vestía una armadura y con barba, una especie de casco y vio como repentinamente desenfundo una espada hacia él; justo cuando la espada se iba a impactar en su cuerpo Juan dio un grito aterrador y cerró los ojos; pero no sintió nada. Pocos segundos después se dio cuenta que aquel hombre había desaparecido y un fuerte olor a tabaco surgía de donde había estado aquel individuo. No lo podía creer intentó levantarse pero las piernas no le respondieron y se dio cuenta que algo se escurría de su pantalón, intentó volver a gritar pero no lo consiguió y lo siguiente que recordó es estar sobre una ambulancia con unos paramédicos a los lados junto con Irma diciendo que todo estaba bien.

Lo llevaron a un hospital y contó lo sucedido, pero todo lo achacaron a la enfermedad y su temperatura o a una reacción alucinógena de las pastillas dadas por Irma, pero Juan jura que todo lo que le sucedió es verdad, incluso ya no quiere poner un pie en el centro y ya no asiste a marchas nunca más.



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