En muchas regiones del país, se cuentan historias relacionadas a tesoros enterrados y es posible que en efecto se hayan enterrado distintos bienes en algunas épocas complicadas, ya que por distintas razones se tomaban ciertas precauciones, sobre todo en la época de la revolución en donde había saqueos en las casas en donde se tenían posibilidades económicas. No solo el oro se escondía, cuenta mi tía que mi abuelo solía decirles que en la época de la Revolución, cuando él era niño recordaba que a las mujeres y niños los mandaban al ejido, en donde hacían zanjas grandes, en donde se guarecían mientras pasaban las tropas de los distintos bandos y de esa forman evitaban que murieran personas inocentes o que violentaran a sus mujeres.

Y regresando al tema de los tesoros enterrados, existe una historia que me contó un compadre de mi papá, el cual es originario del centro de Xochimilco. Su relato comenzó así, sabes ¿por qué los negocios de “x” familia han crecido mucho y han podido expandirse y crecer?, supuse una historia truculenta pero comenzó diciendo: “cuando era niño y pasaba con mi abuelita por una calle cercana a mi casa, había una casa antigua en la esquina y ella me decía, ¿ves esa casa? ahí hay enterrado mucho oro”, y siempre que pasaban con su abuela le recordaba dicha historia.

Pasaron muchos años y la casa fue vendida, se dice que los nuevos dueños hicieron algunas excavaciones, existen ciertos rumores que en los cimientos de dicha casa se encontraron muchos lingotes de oro y que para callar a los albañiles que habían ayudado a sacarlos les habían dado dinero como pago de su silencio. Él asegura que fue así como la familia que había adquirido esa propiedad se hizo de dinero y pudo expandir su negocio. ¿Sería suerte acaso? o ¿Quizá alguien más aparte de su abuelita sabía de la existencia del oro en esa casa?