Se cuenta que hace algunos siglos en la época de la colonia, vivió una mujer llamada María de Ávila; esta mujer era la mas pequeña de tres hermanos; un día que sus padres murieron María decidió dedicarle su vida a Dios y convertirse en una monja de convento.

Tiempo después cuando ella ya había firmado sus votos llego un bello joven mestizo a trabajar dentro del convento en algunas reparaciones que necesitaba; y a María le encantaba platicar con él mientras el trabajaba y cuando ella tenía sus ratos libres o simplemente cosechando en la hortaliza del convento.

María quedo enamorada de este mestizo de apellido Arrutia (por cierto que en la leyenda nunca se hace mención a su nombre); y este personaje le juró amor eterno y la siguió viendo durante algunos meses más, sin que las otras novicias se dieran cuenta y a escondidas siguieron su amor hasta que por fin decidieron contarle a todos que María abandonaría el convento para comenzar una vida con su amado.

Daniel y Alfonso, los hermanos mayores de María se enteraron de este acontecimiento, e inmediatamente fueron a visitar a María para obligarla a quedarse en el convento pues en esa época no era bien visto que las monjas desertaran de su vocación; y el nombre de la familia quedaría manchado por el vergonzoso hecho de tener una hermana exmonja que ahora estaría casada; y además de todo con un mestizo.

Una noche de copas Arrutia le comentó a sus amigos que simplemente contraería matrimonio con María por la buena familia que tenía, y así poder subir un poco en el escalafón social de la época; justamente en esa noche de copas en la cantina del pueblo, se acercaron los hermanos de María al mestizo y le ofrecieron dinero para que desistiera de su casamiento con su hermana. Mucho fue el dinero ofrecido por estos personajes y el futuro novio desapareció con una muy buena suma de dinero en sus manos.

María estuvo esperando a su amado primero por días enteros enfrente de la fuente en la cual lloraba su pena, hasta que los meses se volvieron años y nunca mas se supo nada de Arrutia. María permaneció en el convento el resto de sus días hasta que muy joven murió de tristeza y soledad dentro del convento en donde también fue enterrada.

Paso un poco de tiempo y se dice que se encontró al mestizo Arrutia con una cara de terror en su cara, y muerto de un infarto, el cual se dice que fue provocado por un miedo irracional a algo que vio.

Poco después de la muerte de este personaje, se dice que comenzaron a pasar cosas extrañas dentro del convento, en donde habitualmente no pasaba nada, un día una monja novicia de recién ingreso fue internada en el hospital por un shock nervioso; la mujer cuenta que justo en la mañana después de terminar las labores de la hortaliza del jardín fue a lavarse la cara a la fuente, en donde no vio su reflejo, sino el de una monja de aspecto horrible y sollozante.

Desde ese momento en el templo de la concepción se tienen las apariciones de una monja que llora por las noches y se le ve en las mañanas en los que se reflejan en la fuente, siempre esperando a su amado al que dicen que se llevó con ella.