Cuenta la historia que por allá en el año 1984, Gregorio Rodríguez fue al cementerio como todos los años, puntualmente en el día del fallecimiento de su pequeño hijo desde hacía tres años.
Pero esta vez Gregorio llegó un poco tarde y mientras cambiaba las flores de la tumba y le dedicaba unas oraciones en su lengua natal a su difunto hijo, el tiempo se pasó y los cuidadores del cementerio, se fueron, dejándolo encerrado adentro.
Asustado Gregorio comenzó a caminar entre las tumbas tratando de encontrar al sereno que de noche, patrulla los campos para evitar cualquier tipo de vándalos u otras particularidades que puedan dañar el cementerio.
La noche ya había caído completamente y el pobre hombre seguía dando vueltas tratando de encontrar alguien para que le abriera la inmensa reja de la entrada principal, oxidada ya por el paso de los años.
En ese instante, un sobresalto de felicidad lo sacó de sus pensamientos, porque notó que a unas cuantas tumbas de distancia, había una mujer joven de pie, vestida de largo vestido gris, mirando fijamente una tumba sin flores y con una lápida casi ilegible.
Gregorio, feliz, le preguntó si conocía algún lugar mas que la puerta principal para salir. Ella le dijo que si, que lo siguiera, que ella conocía una salida fácil.
El hombre la siguió durante un rato hasta que llegaron hasta uno de los inmensos paredones que circundaban el lugar. Sorprendido porque no veía ninguna puerta, Gregorio le preguntó por donde iban a salir. Ella sin dudarlo respondió “por aquí” y sin volver a mirarlo, atravesó el muro.


Me gustó, me encantan las leyendas de terror.
Muchas gracias, he visto tu blog y me ha gustado también, si algún día te interesa publicar tus relatos en este blog, tienes las puertas abiertas.
no creo en nada de esto y perdon la franquesa
Muy bueno tu relato saludos.
me gusto muucho..m ekntan las historias d terror!!jeje