El chef fantasma en Superama

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Esta historia está basada en los hechos que me ocurrieron a mediados del año 2008, en el lugar donde trabajaba, existían pocos lugares decentes donde ir a comer, entre ellos, el supermercado “Superama” Sobre Periférico cerca de la avenida “San Jerónimo”, en la ciudad de México, que es donde se centra este relato.

Como era mi costumbre, solía ir a comprar mi comida, para llevarla al comedor de la empresa y pasar un rato ameno con los compañeros de trabajo, me dirigí por primera vez a Superama, donde un compañero me había recomendado el Sushi que ahí preparaban, ya en la sección de Sushi, estaba tras el mostrador un señor oriental de edad avanzada vestido impecablemente con un traje de aspecto japonés, me sugirió no tomar ninguno del mostrador, pues no estaban completamente frescos y la técnica usada para hacerlos no era la adecuada, se ofreció amablemente a prepararme uno especial, me acercó una vieja carta donde se describían en qué consistían cada uno de ellos, tras un rato analizándolos, finalmente me decidí por uno cuyo ingrediente principal era el Róbalo.

Tras el simple hecho de mencionarlo, el señor en vez de tomar el pescado directamente de los ingredientes que disponía, fue corriendo al área de pescados por el Róbalo, argumentando que el que tenían ahí no estaba lo suficientemente fresco.



Finalmente, tras unos rápidos y complejos movimientos, me entregó el sushi que le pedí, pero no me lo entregó como el típico servido en forma de ruedas, sino en la forma tradicional “Nigiri Sushi” pues argumentaba que era la forma correcta de servirse el Róbalo, pues intensificaba su sabor y provocaba un agradable cosquilleo.

He de confesar que nunca me había sentido tan bien atendido en Superama, al regresar al comedor de la oficina, el compañero que me recomendó el lugar no creyó que el sushi fuera proveniente de Superama, ya que no era tan “perfecto” el que solía consumir de ese sitio, no tuve más remedio que compartirlo con el y sentimos un agradable cosquilleo como me había advertido el amable señor.

Maravillados por el platillo, decidimos ir al día siguiente, en lugar de encontrar al anciano, encontramos a una joven con el uniforme de cocinera típico de Superama, tomé la vieja carta del mostrador y le pedimos un par de platillos, que de ser posible, los realizara el señor del día anterior.

La joven se nos quedó mirando fijamente, parecía paralizada, después de un gran trabajo mencionó:

-Yo soy la encargada de esta área y ayer me reporté enferma, la carta que presentan dejamos de utilizarla hace 5 años, los platillos que preparamos se encuentran pegados en la parte superior, el señor que mencionan falleció en los tiempos que cambiamos de menú.

Tomó la carta con la mano temblorosa y se retiró sin mayor explicación, tras el impacto, mi compañero y yo nos retiramos sin comprar nada.

Después de meditarlo por mucho tiempo, concluimos que no se trataba de un típico fantasma, sino que se trataba de un señor que amaba a tal grado lo que hacía, que incluso la muerte decidió permitirle seguir realizándolo.



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