Enterrada viva

Se cuenta que esto es una historia real, y es muy famosa dentro del norte del país en México en la ciudad de San Nicolás de la Garza. Allá por el año de 1995 sucedió un evento muy terrorífico y afortunado, pero sobre todo sorprendente.

Doña María pertenecía a una de las familias mas acaudaladas de la zona, la familia era muy querida por la gran parte de la población y todos estaban agradecidos con ellos por que eran los precursores de las cosas nuevas dentro del poblado; eran los que gracias a su dinero y sus influencias habían logrado que la gente de puestos grandes pusieran los ojos en el municipio en el que ellos vivían; pero así como había mucha gente que los quería también existían los que los odiaban por que decían que eran una familia de riquillos y que solo veían por ellos; aunque esto era del todo falso, simplemente gente envidiosa que estaba celosa de su dinero.

Doña María una mujer aunque un poco de edad avanzada pero de excelente salud simplemente no despertó de su sueño y fue declarada muerta por el doctor de la localidad; mucha gente del pueblo fue a darle el adiós a doña María, la gente se entero de boca en boca que este suceso había acontecido y toda la comunidad, amigos y enemigos fueron partícipes de los santos oleos a esta buena mujer.

Dentro de este ritual había dos personajes conocidos del pueblo por ser un par de malandrines, estos dos sujetos se dieron cuenta que la mujer había sido enterrada con sus mejores ropas pero sobre todo con una muy gran cantidad de joyas; ni tardos ni perezosos, se fueron para planear como es que iban a desenterrar a doña María esa noche y así hacerse de sus joyas para comprar bebida y apostar a las parejeras al día siguiente.

Justo en la media noche los dos hombres se encaminaron hacia el cementerio en donde habían sobornado al velador y este les presto unas palas, picos y carretas para desenterrar a la señora; ya se había pactado un pequeño botín para el cuidador del panteón y uno muy amplio para ellos; los hombres ya iban celebrando y saboreándose la botella del mejor tequila del pueblo que los esperaba justo cuando terminaran su fechoría.

Ya pasaba de la 1 de la madrugada cuando los ladrones cavando, escucharon una voz realmente extraña pero conocida, se trataba de una voz hueca de mujer que decía unas palabras. Los hombres se mantuvieron callados pensando que se acercaba alguien que no era el velador, e hicieron una pausa de seguir cavando. Después de unos momentos se dieron cuenta que lo que decía esa voz hueca que percibían era algo así como “tengo hambre” y “¿en donde estoy? Los hombres estaban realmente perturbados y esperaron cerca de diez minutos para que la voz callara por completo.

Siguieron realizando su fechoría y decidieron seguir cavando hasta llegar a su preciado pero mal habido tesoro. Por fin cerca de las una y media la pala dio contra la tabla de madera que era la tapa del ataúd. Los hombres saltaron de alegría y cantaron con una voz muy fuerte, y después del festejo se dirigieron a destapar la caja para despojar a doña maría de sus valores.

Abrieron poco a poco la tapa, y ya le estaban alzando la mano a la mujer cuando esta se sentó de golpe y se les quedó viendo fijamente. Los hombres salieron despavoridos y gritando fuertemente, incluso uno de ellos se había hecho en sus pantalones.

Doña María salió del ataúd como pudo, aunque un poco engarrotada y se dirigió muy consternada hacia la casa del médico de la localidad el cual al verla se puso pálido y se desmayo; la mujer se acerco y logro hacer que despertara, y el médico ya un poco más tranquilo examinó a la mujer.

El timbre del teléfono sonó a las 4 de la mañana en la casa de la difunta doña María, y no era sino el médico quien les contó a sus hijas todavía un poco tristes que su madre estaba viva que tan solo había tenido un episodio de catalepsia.

Doña maría todavía vivió unos años más, aproximadamente hasta el 2009, en donde le pidió encarecidamente a su familia que cuando ella muriera la cremaran para no sufrir de nuevo un episodio al pasado. Los malhechores vivieron eternamente en un psiquiátrico del Estado y nunca fueron avisados de la enfermedad de doña María.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *