El velador

Agradezco la historia de Jaime, el cual es asiduo lector de nuestro sitio y les platico la historia que él vivió.

Jaime recién salido de la preparatoria a sus 19 años estaba esperando los resultados de la UNAM para ver si había podido logrado quedarse, desafortunadamente no fue así y entró en una etapa de depresión muy grande, su familia lo consoló hasta el cansancio pero fue tanta la frustración por no poder quedarse en la universidad que él quería que pasó muchos días simplemente contemplando el techo de su casa.

Un día, pasados ya unos meses y con el afán de volver a repetir el examen de ingreso a la universidad, decidió que mientras esto pasaba tendría que conseguir un trabajo en lo que pasaban esos meses torturándolo cada día, para así mantener su mente ocupada en otra cosa y no nada más torturándose sin cesar.

Salio a buscar un empleo, pero desafortunadamente su experiencia en absolutamente nada y su corta edad eran la constante negación en los empleos que frecuentaba; así que cada día llegaba con los pies destrozados de tanto caminar, se sentó en el sillón de su casa y su mamá salió a saludarlo saliendo de la cocina; viendo su cara de frustración volvió a meterse y no dijo nada.

Al poco rato su padre entro entusiasmado después de un día de trabajo y curiosamente encontró en el mismo sillón de la sala de su casa a su hijo, el cual no había dejado en horas de permaneces haciendo su actividad favorita, mirando al techo.

Así que su padre lo saludó y él solo hizo un raro ruido gutural para intentar saludarlo, su padre se sentó junto a él y le dijo que le había conseguido trabajo; a lo que Jaime saltó de la felicidad y lo abrazó.

Desafortunadamente, dijo su padre, es un trabajo nocturno, lo que te permitirá estudiar por las noches; Jaime no lo comprendía del todo bien, así que le dijo que trabajaría en lo que fuera; su padre le dijo es un trabajo de velador y es de un día si y uno no y te pagaran $9000 mensuales; Jaime no lo podía creer, estaba extasiado su primer trabajo y ganaría más que su padre.

Jaime se reanimo y no pudo esperar a que llegara la noche para presentarse en el trabajo; así que justamente salió de su casa a las 7 a pesar de que tan solo hizo 20 minutos a su destino y enraba a las 9 de la noche; así que vio como los trabajadores de aquel viejo edificio salieron uno a uno  y así antes de media hora para su entrada un señor trajeado se aproximó a él y le pregunto ¿tu eres Jaime cierto?; el asintió con la cabeza y aquel hombre lo hizo pasar al edificio; subieron al ascensor y el hombre presiono el piso 8 de 10 que tenía aquella construcción en el centro de la ciudad de México.

Tu padre me ha contado mucho de ti, dice que eres un muchacho muy chambeador que es justo lo que necesitamos; la verdad tu labor no será nada difícil lo único que te pido es que cuides este edificio por las noches, y que te des vueltas dentro del mismo cada dos horas, eso es todo; y trabajaras un día si y uno no; así que bienvenido, te voy a presentar al antiguo velador, el cual se jubila la siguiente semana su nombre es Héctor.

Héctor era un señor de unos setenta años de edad y se aproximo a ellos; así que finalmente el patrón los presentó y los dejó solos. Una vez que cerró la puerta del cuarto de veladores, Héctor le dijo a Jaime; muchacho, espero no seas miedoso, sino este no es tu lugar.

Jaime volteo asombrado y se le quedó viendo; no sabes todo lo que me ha tocado ver en este sitio; te recomiendo que hagas lo que yo hago; dormir toda la noche y no despertar ni un segundo y sobre todo, no salir ni un momento de este cuarto; créeme que nadie entrara al edificio, los que lo han intentado solo salen de aquí locos por lo que ven.

Jaime inmediatamente pensó que aquel viejo debía ser un flojo y que él haría el trabajo por el cual le pagaban, así que el viejo se despidió de él; tomó sus cosas y le dijo, tengo que salir de este lugar antes de las once de la noche sino, puede ser que salga algo mas que espantado, y comenzó a reír de una forma siniestra, mientras cerraba la puerta tras él.

Esa noche transcurrió con mucha calma hasta las 12: 30 cuando estando en el cuarto de veladores en el piso 8 Jaime escucho un fuerte estruendo, el cual lo espanto por que estaba a punto de dormirse y de pronto recordó lo que el viejo Héctor le había dicho; de pronto pensó que solo lo había hecho para espantarlo, a lo que valientemente se dirigió al final del pasillo para ver lo que había sido ese ruido tan fuerte, sacó la linterna y la puso en su cinturón junto con su gas pimienta y colocó su gorra para salir del lugar.

Caminó por el largo pasillo y llegó hasta una sala de juntas en donde una mesa había sido volteada sin más n más; así se acercó la puso en su lugar y gritó ¿hay alguien ahí?; estoy armado así que no intente nada; sacando su gas pimienta del cinturón.

Siguió revisando el lugar pero no pudo ver a nadie, así que ya un poco menos nerviosos intentaba explicarse como esa mesa había sido volteada, seguramente una pata le había fallado se repetía en la cabeza para no ponerse más nervioso, ya que casi entraba al cuarto de veladores, se volvió a escuchar un fuerte golpe idéntico al anterior, y esto hizo que saliera corriendo de nuevo a la oficina y ver de nuevo volteada la mesa de cómo la había levantado; su corazón latía fuertemente y comenzó a revisar la mesa, pero estaba en perfecto estado.

De nuevo la puso en su lugar y corrió al cuarto de veladores, y se encerró; justó al entrar al cuarto se percató de algo que no había visto antes, una imagen de Cristo crucificado estaba tras la puerta de su oficina.

De nuevo escucho aquel sonido pero ya muerto de miedo no quiso salir del lugar, pero pasado un rato y tras racionalizar todo lo pasado salió y se dirigió de nuevo a la sala de juntas en donde la mesa estaba acomodada así como la había dejado anteriormente; entonces volteo la cara para salir de la oficina y vio como por un vidrió lateral una pequeña niña corría como dirigiéndose al cuarto de veladores, de inmediato pensó que se trataba de un niño de la calle que se había metido a dormir al lugar y le estaba jugando una broma, salió corriendo tras la pequeña de unos 10 años de edad a la cual solo le veía la espalda.

Dio vuelta sobre un pasillo lateral y él giro para seguirle el paso y alcanzarla, ya estando a punto de tomarla del brazo, la niña desapareció en el aire y Jaime calló por la velocidad; su miedo fue irracional, y salió corriendo del edificio por las escaleras; y decidió nunca más por el pie en ese lugar.

A la mañana siguiente una llamada despertó a toda su familia en su casa y él que se había quedado dormido en el sillón de la sala, espantó a su papá cuando este contestaba el teléfono; así que repentinamente su padre tomo la bocina y platicó con alguien; colgó el teléfono y se sentó junto a él; diciéndole que ¿Por qué había dejado el trabajo?; pronto Jaime le contó su experiencia y su padre muy incrédulo le creyó por la palidez de su hijo y la seriedad al relatar lo ocurrido.

Esa tarde Jaime se dispuso a ir al edificio para darle las gracias a su jefe, pero justo antes de que saliera, salió don Héctor y le dijo, muchacho si me hubieras echo caso estarías ganando un gran sueldo, ¿Por qué crees que pagan este sueldo por tan solo ser velador?; creo que mi retiro tendrá que esperar y seguiré cobrando por dormir en el trabajo.

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