El niño Vampiro de Momoxpan, Puebla

El niño Vampiro

A continuación les mostraremos el extracto de un libro muy interesante sobre El niño Vampiro de Momoxpan, al final de la entrada está la referencia completa sobre el mismo:

“Llegué a Momoxpan un jueves de Octubre de 1991. El pueblo es feo y airoso: oleadas de tierra se me pegan en la cara sudorosa y me torturan los ojos, pese a las gafas oscuras.

Escupo sobre la calle sin pavimentar. Afianzo en mi hombro la correa de mi maletín y camino hacia la iglesia en donde se venera al Santo Niño, que un día correteo por estas calles y otro murió por causa desconocida. En vista de que su cuerpo permaneció incorrupto y sonrosado durante las honras fúnebres, el cura del lugar decidió que el hecho era un milagro y que Momoxpan tendría su propio santo, con o sin autorización del Vaticano. En vez de abandonarlo en la sepultura le dieron un nicho de cristal, donde aun hoy reposa.

El caso sacudió el aburrimiento de Momoxpan e incluso ganó un espacio en los periódicos de la capital. Se tomaron fotografías y videos al cadáver de Pablito (más hermoso que el día de su confirmación, decía el cura) y pasó a los archivos cuando dejó de ser noticia. La prensa no mencionó la plaga inexplicable que desangró ovejas y a otros animales de Momoxpan luego de la muerte del inocente. Tampoco se vinculó con la muerte de este niño rozagante la epidemia de picaduras sanguinolentas en gargantas, muñecas y tobillos de seres humanos.

Desde mi punto de vista, los habitantes de Momoxpan encendían sus veladoras frente al ataúd de un vampiro que tenía en ellos sangre de sobra para beber cuando se le antojara, mientras el pueblo se abrasaba bajo el sol y padecía sed.

Rumbo a la iglesia veo la clásica puerta recortada de una cantina. Entro y pido una botella de sidra local. El hombre que me atiende lleva al cuello un escapulario de tela. El cordelito que lo sujeta pasa sobre picaduras nuevas o costrosas. Me sonríe y me dice: “No se vaya sin visitar al Niño”. Mientras me refresca con la sidra.

Había estado en los clásicos países europeos donde el vampirismo tiene hasta monumentos de piedra. Pasé por Asia y Estados Unidos. Ahora estoy en un pueblucho hundido a medias entre la tierra y la idolatría. Arriesgo la vida mortal del cuerpo que poseo en esta encarnación pero vale la pena, ya que con esto pongo mi grano de arena a la documentación acerca del vampirismo en México”.

(Extraído de Cristopher L. Hammer Sacia “Vampiros modernos”)

Pablito, el Niño Vampiro de Momoxpan, Puebla le ha sonreído al autor Hammer Sacia, durante el día el niño entra en su estado pasivo, pero de noche se convierte en un activo chupador de sangre.

Afortunadamente este lugar no es tan inalcanzable como Transilvania, y al llegar a Momoxpan, puede usted esperar todo, menos lo que dice Hammer Sacia. Ni hay niño, ni hay caja, ni se venera a un muerto local, ni se sabe de ningún vampiro por ahí, nadie tiene mordidas ni costras en el cuello.

De todo el relato, lo único que resulta verdad es que hay una iglesia y que por ahí venden sidra.

Este niño vampiro es mencionado por su autor al principio y al final del libro, además de mencionarlo al final del primer capítulo. Evítese la pena de descubrir que todo es sólo ficción vendida con etiqueta de verdadero.
Mejor vaya al zoológico de Chapultepec a ver a los murciélagos, o a la cueva del Pedregoso, en el Museo Universum, donde aprenderá cosas acerca de la vida de estos mamíferos voladores que no pueden contagiar sus habilidades por el simple hecho de morder a alguien. Así como un ganso no le transmite habilidades nadadoras a nadie por el hecho de picotearlo.

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