El Callejón del Beso

Se dice que Guanajuato es una ciudad mágica. Al llegar ahí se permite creer en los cuentos de hadas y parece que se está en uno de ellos. Es una ciudad donde no parece que pasara el tiempo. Con el romanticismo a flor de piel, está rodeada de sierras y montañas, y se puede caminar con tranquilidad bajo un siempre claro cielo azul, y se dice que los oriundos de ahí no pueden salir de ella, pero aman vivir con tranquilidad recreándose libremente.

Con una extraña arquitectura, lo cual se debe a que está construida sobre una cañada, se dice sin embargo que esto se debe a que en la colonia, la ciudad se comenzó a formar sin planificación previa, y sólo basándose en la ubicación de las minas, pues esta era la actividad económica de la época. Por eso desde sus inicios se conoce a Guanajuato como la Ciudad de Oro.

Y precisamente de esa época dorada es que viene esta leyenda de gran tradición… Doña Carmen, hija única de un acaudalado pero violento hombre se enamoró y comenzó a ser cortejada por Don Luis, un trabajador de la minería.

Este amor no fue bien visto por el padre de Carmen, quien tenía ya en planes casarla en España con un hombre ya entrado en años pero de gran fortuna, lo cual mejoraría aún más su propia condición económica. Esto era lo común entre los ricos de la época, pues para ellos, sólo de esta forma les podía ser productivo el tener hijas.

En definitiva Doña Carmen fue confinada a su habitación hasta el momento de su traslado a España para su matrimonio, y Brígida, su Dama de Compañía tuvo que entregarle a Don Luis una misiva de parte del cruel padre diciéndole del matrimonio próximo de su hija, por lo que no debía seguir cortejándola.

Pero Luis hizo caso omiso, y con oro puro compró la casa cuyo balcón daba al balcón de Doña Carmen para verse a escondidas mientras resolvían la manera de fugarse. Así lo hicieron y Brígida se encargó de cuidar a la puerta de la habitación de Carmen para que el Padre no la descubriera.

Hasta el fatal día en que el padre, enterado de alguna manera fue a la habitación de Doña Carmen y tras arrojar a Brígida entró enfurecido a la habitación y puñal en mano hirió de muerte a su hija Doña Carmen, quien sólo alcanzó sujetar la mano de su amado Don Luis quien la besó a través del balcón, mientras se desvanecía.

Hoy día no hay mineros o esa fiebre del oro de entonces, tampoco existe esa diferencia social, pero la historia de Doña Carmen y Don Luis permanece fresca, así como las dos casas en el callejón. El callejón del Beso, donde oriundos y turistas, en el tercer escalón sellan su amor con un beso en honor a estos amantes, Doña Carmen y Don Luis.

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