¿Existen las hadas en la vida real?

Confieso que uno de los temas que más me divierte y me devuelve a la niñez de un salto es el tema de las Hadas. Siempre las imagino como dulces señoras gorditas y saltarinas, aunque hay quien las describe como seres bellos, atractivos y luminosos. Sea como sea su apariencia, es súper emocionante ser investigador de estos temas, y es que la cultura ancestral tiene tanto que aportar al respecto que sorprende el hecho de que sean tan pocas las personas que aseguran haberlas visto.

Luego, al irnos a la teoría es donde se entiende el por qué de ello: Sólo se presentan ante personas de corazón sin maldad, con nivel espiritual elevado, en fin, ya sabemos que gente así no abunda… Sin embargo, imaginándonos que pudiésemos ser dignos de un encuentro con estos seres (Jejeje) hay en la cultura popular una serie de recomendaciones para tal fin.

Se dice que están entre nosotros de manera invisible pero podemos guiarnos por detalles que las delatan. Además de que no están en cualquier lugar sino en sitios con vegetación específica como espinos, sauces llorones, robles y flores, así como en las fuentes naturales de agua.

Hay una florecilla llamada Prímula que, al parecer, es del agrado de las Hadas, así que al tener estas flores en casa, hay mayor probabilidad de encontrarse con ellas. Dicen también que les encanta la cebada y que, si se coloca un cesto con este cereal en el jardín, de seguro en algún momento vendrán a comer (Lo hice en una oportunidad pero sólo engordaron los pájaros y no llegué a coincidir con ningún Hada). También están en los jardines donde abunda el tomillo y el trébol. Su trabajo es la “Composición Cromática”, es decir, aportan color a lo que las rodea, así que si las atraes a tu jardín este será cada vez más atractivo en cuanto a color y brillo.

Así también se habla de infusiones y brebajes que ayudan a contactar hadas si los tomamos en cierta posición sobre un “tronco de hada” o en una “colina de hadas” y cosas por el estilo. Tal vez lo más acertado es lo más simple, siendo seres elementales, quizás bastaría sólo con sentarse en el césped, cerrar los ojos, y desde el corazón “Creer” que podemos contactarlas. Posiblemente no pase nada en principio, pero ya el hecho de “Creer” nos hará sonreír.

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