Abduccion extraterrestre, casos reales

Tengo una experiencia muy vívida acerca de algo que vi con mis propios ojos cuando nos mudábamos en tren de Puerto Montt a Santiago de Chile en 1969. Junto a la vía del tren quedaban algunas reminiscencias del terreno que había sido sacado abruptamente del suelo.

La gente que iba en el tren siempre miraba ese paisaje en abducción y para nosotros no fue diferente. Esto sucedió el 30 de julio de 1965, pero lo que circulaba aún en las inmediaciones, acerca de este hecho, era que en el velatorio las cosas que habían ocurrido eran espectaculares. En esos años, la costumbre de despedir a los seres queridos constituía en una celebración, donde se compartía alimentos y vituperios con familiares que no se visitaban por años y quizás por décadas.

Mientras se efectuaba el velorio en forma tradicional, comenzaron a suceder cosas inexplicables que nadie podía entender. En el entretanto se escucharon ruidos, más bien zumbidos y vibraciones que no se distinguían de que procedencia podrían ser. Inmediatamente después, no sólo estas percepciones se sentían. Mientras se seguía en el velatorio y el festín, según la tradición, se hizo notoria una luminosidad en torno al habitad y al lugar campestre en que se hallaba. Era tanto la luminosidad que las paredes no eran obstáculo para que pasase la luz y que la gente describía como material, una luz que se podía tocar y traspasar cualquier cuerpo material, lo que generó una súplica en rezos y oraciones. Esto siempre lo supe así, pero ya habían pasado años y las secuelas físicas se seguían viendo cuando uno viajaba en tren, ya que eran perfectamente visibles en 1969 a través de la ventanilla del vagón del dicho transporte. Y para que vean que esto es cierto, les citaré la noticia oficial que cuenta del hecho:
En la madrugada del viernes 30 de julio de 1965, recién pasada la medianoche, un fuerte estruendo se sintió sobre el cielo de Puerto Montt y sus alrededores. En Pelluco, un balneario ubicado a cinco kilómetros de esa ciudad, un nutrido grupo de personas que asistía al velatorio de Carolina Proeschle, una adolescente perteneciente a una distinguida familia de la zona que había fallecido dos días antes en un accidente automovilístico, también escucharon el ruido, pero al salir fuera a ver de qué se trataba vieron algo más sorprendente.

“Mientras acompañábamos el féretro, sentimos el ruido y unas luces que parpadeaban en las ventanas. Cuando salimos a ver de qué se trataba vimos algo que nos dejó atónitos. A unos 80 o 100 metros, y a poca altura, una nave ovalada y de unos 50 metros de diámetro estaba allí. Mostraba una luz resplandeciente, color violeta con visos anaranjados…el ovni se desplazó después hacia la ciudad, donde fue visto por otra gente y automovilistas a los que les descontroló el vehículo totalmente”, explica Arnoldo Flores, un connotado vecino de la localidad.

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